Ana, usuario de Equilibrio y Mente, hoy nos va a hablar de su experiencia como paciente con profesionales de nuestro equipo.

 

¿Qué es un sintoma? Recuerdo la primera vez que fui a una consulta con un psicólogo. Esas primeras sesiones fueron un tanto extrañas, no estaba acostumbrada a hablar de mí misma y de cosas tan personales con un extraño, y menos que mientras hablaba interrumpiesen para señalarme mis síntomas.

En algún momento pensé que estaba enferma, aunque físicamente me sentía bien. Estaba claro que esto de los síntomas tenían que ver con aspectos de mí de los que ni yo me daba cuenta. Mientras más me escuchaba, más trataba de entender qué sucedía, porque ya no solo se trataba del motivo de consulta que me había llevado a ir a terapia, ahora se trataba de otra información acerca de mi misma que yo comenzaba a ver como situaciones disfuncionales. Ya cuando comienzas a ver otros problemas, aparece un desinterés brutal por resolver el primero. Y quieres abandonar.

Era una encrucijada, no sabia si regresar y resolver por partes, o resolver el motivo de consulta. Mi tercera opción, la mas atractiva era abandonar, pero tampoco resultaba útil, ya había visto una cierta verdad acerca mi misma que no me podía ocultar.

Continué, había muchos puntos disconexos. Pero tenían un aspectos en común. Los síntomas eran como unos opositores, imposibles de callar, por decir algun ejemplo, aparecieron cuando comencé a resistirme a ciertas imposiciones familiares, también estaban las del trabajo, las de la sociedad, pero particularmente las familiares eran las que mas me petaban. A veces cuando hablaba fuera de terapia sobre mis cosas me daba cuenta que compartía algunas de mis oposiciones con alguno de mi grupo de amigos. Con la salvedad de que las vivimos de manera distinta. Por ampliar el ejemplo, cuando llegué al psicólogo mi motivo de consulta fue la depresión. Cuando dispuse a hablar por qué estaba deprimida por alguna razón comencé por aquí… “Cada quien tiene sus canones de belleza”.

En mi familia, la belleza está asociada con el ser delgado. Yo soy de contextura gruesa, y por mas delgada que pueda estar, visualmente para mi familia no estoy delgada. Siempre en reuniones familiares, especialmente las ocasiones festivas en las que había mucha comida, para evitar ciertos comentarios rechazaba los carbohidratos y el postre, me daba mucha ansiedad y vergüenza que alguno dijera que no podía comer esto o aquello porque eso me engordaba, al final quería pertenecer al grupo de los bellos y ser aceptada.

Luego de la reunión al llegar a casa me sentía fatal, sentía rechazo a mis seres queridos. Comencé a dejar de ir a las reuniones familiares. Me parecía absurdo tratar con gente que no me aceptaba. Ya yo había hecho muchas dietas, había comprometido mi salud por pasar hambre, por solo pertenecer, incluso perdí la noción de cómo era sentirme bien al verme al espejo. Mi cuerpo era un desastre.

Fue inevitable que mi familia no se quejara, que comenzara a decirme que era una borde por dejarlos plantados. Al oponerme a esas situaciones, comencé a distanciarme de mi familia y de los demás, no quería que otros me rechazaran. La soledad era insoportable, pero la crítica también , ” Cuando llegué a consulta, sí, estaba deprimida”.

La depresión como ven, era solo un término clínico que le puso algún psiquiatra, era la punta del iceberg. Una vez que destape la depresión y que comencé a hablar en lo que parecía un sin sentido, aparecieron esos puntos disconexos que me llevaron justo allí. Esto que parece tan inofensivo, que refería al tema de lo que era para mí la belleza, generó una gran cantidad de malestares que reventaron en una depresión.

Eso que compartía con mi grupo de referencia, me llevó a un camino de mucha amargura. Ni hablar de lo que a veces compartimos con la cultura, que eso es otro cuento que también generan síntomas. Helo aquí, a veces no sabemos de qué se trata, nos sentimos mal pero no sabemos ponerle nombre, a veces los síntomas tienen nombres conocidos o pomposos.

 

Lo cierto es que al final se tratan de uno y solo uno mismo sabe lo que le pasa.

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