Donald Winnicott  (Plymouth, 1896 – Londres, 1971), médico de formación, se especializa en Pediatría, Psicoanálisis y Psiquiatría infantil, es una figura referente dentro del pensamiento psicoanalítico. Estudia el valor de la influencia materna en el desarrollo emocional temprano del bebé, centra su interés en la capacidad de jugar como un indicador de salud.

Considera que el el jugar es un logro en el desarrollo emocional del individuo: “El juego no es simplemente placer, es algo esencial para su bienestar”, considerando que el juego es en sí terapéutico: “es una forma básica de vida”.

La capacidad de jugar se vincula a la creatividad, y por extensión a la vida, y lo considera un indicador de salud. Winnicott diferencia entre game: el juego con reglas y play: juego libre y espontáneo, por el que se interesa mayormente, y no tanto en el juego en sí, sino en el hecho de jugar, su opinión en que en función de cómo jugamos, somos.

La terapia la considera como la superposición de dos áreas de juego, la del paciente y la del terapeuta. el intercambio entre ambos se da en la zona intermedia, denominada espacio transicional, creada entre ambos.

En “El papel del espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño” (Realidad y juego, 1971), Winnicott plantea 3 funciones específicas que debe cumplir la madre para ayudar al bebé a subjetivizarse, a habitar su cuerpo, poder comenzar a conocer para luego reconocer-se, conocer y reconocer a la madre y todos los objetos que la madre le irá presentando, de manera simultánea a la propia vivencia del bebé. Considera primordial el papel de la madre (o cuidadora) en la crianza del niño, desarrolla tres conceptos fundamentales en su teoría: 

1.- Preocupación maternal primaria: estado de sensibilidad exaltada de la madre hacia el niño, que dura desde las ultimas semanas de embarazo hasta los primeros meses de vida, en los que la madre es capaz de modificar la atención a sus propias necesidades para dedicarle tu tiempo y proveer de los cuidados necesarios a su bebé. El fracaso de la adaptación eterna en los primeros meses de vida del bebé, produciría una aniquilación del self del pequeño. Los fracasos de la madre supondrían amenazas a la auto existencia personal del bebé,

2.- Madre suficientemente buena: con su presencia y participación permite al bebé que experimente y descubra el mundo, y que despliegue su gesto espontáneo. Este tipo demacre es previsible para el bebé, con conductas que el bebé pueda predecir y confiar en las mismas. 

las experiencias de cuidado y amor enmiendan la estructura del yo en formación, recuperan al niño de sus transitorias vivencias de desintegración, discontinuidad, fragmentación etc. Por lo tanto bastaría una madre suficientemente buena capaz de aprender de la experiencia y de reparar, para que las experiencias cotidianas negativas, no dejen un sello traumático.

Asigna a la madre tres funciones esenciales:

 1.- Sostén (holding): cuidado afectivo, la sensibilidad propia de la madre hacia el bebé. Cuando la madre no cumple la función de sostén del yo,  surge una angustia impensable, portadora entonces de una amenaza de anonadamiento cuyas principales variantes pueden ser: 1) Fragmentarse, 2) Vivir una impresión de caída sin fin, 3) Sentirse elevado a cumbres infinitas, 4) Carecer de relación con el propio cuerpo y, por último, de orientación espacio temporal” (J.D. Nasio), esto sería la esencia de las angustias de una estructura de la personalidad psicótica.

2.- Manejo o manipulación (handling): cuidado físico. Serán los soportes y cuidados concretos y reales que el niño necesita,  estar  atentos a sus necesidades de manipulación, de alivio sobre su cuerpo real: mirarlo, tocarlo, acariciarlo, limpiarlo,  decirle “te quiero, me importas, tu vales, mereces, eres objeto de mi amor” en el lenguaje del cuerpo, dejar de hacerlo es dar el mensaje contrario. El logro psicológico que permite un buen Handling es la vivencia de personalización, de habitarse a sí mismo (incluida la pulsión), de sentirse una unidad desde lo psicológico, con el Holding y desde lo corporal con el Handling.

3.- Presentación objetal (object-presenting): la entrada en la realidad, la posibilidad de crear una ilusión en el niño.  Mostrar gradualmente los objetos de la realidad al niño o niña para que pueda hacer real su impulso creativo. A medida en que la madre habilita en el bebé la capacidad de relacionarse con los “objetos” (los “otros”), éste despliega su capacidad de habitar el mundo. La presentación objetal promueve la realización del niño . Por el contrario, las fallas maternales bloquean el desarrollo de la capacidad del bebé para sentirse real, seguro, diferenciado y personalizado de forma independiente.

Estas tres funciones maternas estructuran la psique (la subjetividad) del niño y permiten representar el ambiente y establecer un grado de confianza, ante la capacidad de poder predecir lo que ocurrirá en el entorno, esto supondrá un desarrollo emocional adecuado del bebé. Estas funciones consiguen que la madre aporte al bebé confianza, seguridad, tranquilidad y estabilidad para poder madurar.

Un cuidado materno constante permite una continuidad existencial del bebe, y poder desarrollar el self verdadero, para poder entrar en el mundo de forma gradual y con un temperamento adaptado. La madre facilita al bebé el logro de su gesto espontáneo.

Squiggle (garabato), lo desarrolla como técnica para tomar contacto con los niños cuando acuden a consulta. Se trata de que dos personas (niño y adulto) van dibujando en una hoja garabatos para completar el dibujo que vaya surgiendo, el terapeuta utiliza los resultados según lo que el niño haya querido comunicar mientras dibujaba. Este garabato que surge de la interacción de ambos. El squiggle genera un espacio: la zona intermedia, Winnicot se adapta a las necesidades de cada paciente, igual que la madre se adapta a su hijo. No describe normativa alguna a al hora de aplicar este método, se trata de que libremente, tanto terapeuta como niño desplieguen su espontaneidad a la hora de dibujar, y el niño se sienta en la misma posición del profesional. evitando que se posicione en un lugar de subordinado.

La historia que cuente el niño de lo que dibuja es el verdadero valor del “juego”. A través del juego, los niños despliegan sus miedos, sus temores, y aquello que les cuesta o incluso no saben nombrar. En consulta es conveniente dejarles jugar libremente, en el caso de que no quieran dibujar.

En consulta se repiten las emociones que ocurren en la realidad, en la relación con el terapeuta se replicarán las cuestiones inconscientes del sujeto, y aportando un lugar seguro y de confianza los despliegues del sujeto corresponderán a aquello que en la realidad le perturba, le atemoriza o le incomoda. A menudo, los niños que acuden a consulta ni siquiera tienen un lenguaje suficientemente desarrollado para expresar con detalle aquello que les pasa, por eso el juego es una manera de transmitir aquello que sienten en su interior.

En palabras de Winnicott, el juego es una experiencia creadora, una experiencia en el continuo espacio-tiempo, una forma básica de vida. La gran importancia del acto de jugar es la capacidad de ser creadores, tanto del niño como del terapeuta. Dejar al niño jugar libremente y observar sus emociones, sus sensaciones y sus conductas, equivale a la técnica de la asociación libre que Freud utilizaba (y se utiliza actualmente) con pacientes adultos.

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