En 1869, Galton inició el estudio científico de la creatividad. Desde entonces se han hecho muchas investigaciones al respecto: a) estudios biográficos: (Juda, Fernandes da Fonseca, Ludwig, Jamison, Schildkraut, Post y Espinel, quienes encontraron una estrecha relación entre la creatividad y los trastornos afectivos, especialmente del espectro bipolar); b) investigaciones sobre la psicopatología de los sujetos creativos que aún viven: (Andreasen, Ludwig, Mraz y Runco) y, c) investigaciones sobre la creatividad de los pacientes psiquiátricos (Jamison, Seinberg, Richards, Crowell, Stoll, Berrettini, Miller, Dowker).

 Dabrowski, en su teoría de la desintegración positiva, sugiere que la psiconeurosis es crítica durante el desarrollo individual, y sus síntomas pueden ser, incluso, signo de ese potencial, el cual podrá llevarlo a ser un individuo autónomo y auténtico. Kopacz y Janikak proponen algunas explicaciones sobre la asociación entre la creatividad y el trastorno bipolar: la creatividad es el producto de la enfermedad bipolar; la creatividad y la enfermedad bipolar son diferentes pero tienen genes relacionados, y el temperamento creativo es fenomenológicamente similar a la hipomanía. El concepto de Feder: “La creatividad es un proceso natural que implica ambivalencia, al igual que la procreatividad.” 

Jamison y sus colaboradores (1980) evaluaron a 61 pacientes con diagnóstico de trastornos afectivos, a los cuales les aplicaron dos entrevistas clínicas y el Inventario de Beck para Depresión, además de preguntarles qué percepción tenían acerca de los efectos de este trastorno sobre su personalidad, sus interaccioines sociales y su productividad.  Los autores concluyeron que sin duda hay una asociación positiva entre la aparición de los síntomas hipomaníacos y el incremento de su actividad creativa y productiva.

Se han realizado diversos estudios en los que se intenta determinar si los trastornos bipolares tienen relación con una mayor creatividad. Uno de los más importantes es un estudio en el que se utilizó una muestra de pacientes con bipolaridad y ciclotimia (Richards et al., 1988).  En este se usó la Escala de Creatividad a lo Largo de la Vida (LCS)  y se concluyó que había bastante diferencia respecto a la creatividad entre ambos grupos, aunque esta escala mencionada anteriormente no se ha vuelto a usar mucho más debido a la dificultad de su administración. 

Steinberg y colaboradores (1991) estudiaron la variada producción musical a lo largo del tratamiento farmacológico y de musicoterapia en 67 pacientes hospitalizados en Munich, con diagnósticos (de acuerdo con el CIE-9) de esquizofrenia, depresión endógena y psicosis maniaca, y de un primer grupo y un segundo grupo con neurosis depresiva. Ninguno de los pacientes tenía conocimientos musicales previamente a su ingreso hospitalario.    

La musicoterapia empezaba por hacerlos cantar canciones tradicionales, y después se iniciaba “el juego de percusiones” en el que cada paciente expresaba sus sentimientos durante 30 segundos. Posteriormente, el grupo acompañaba al solista durante dos minutos. Emplearon la Escala Breve de Apreciación Psiquiátrica (BPRS) para evaluar la mejoría clínica. 

 Los pacientes maniacos únicamente disminuyeron la velocidad de su ejecución durante el tratamiento. En todos los casos, las habilidades musicales prosperaron a pesar de los efectos colaterales de los diversos fármacos, a la vez que la mejoría clínica se hacía más evidente.

Richards y su equipo de trabajo (1992) estudiaron a los pacientes con diagnóstico de trastorno bipolar (TBP) de moderada intensidad, y a los pacientes con un episodio depresivo con o sin historia familiar de TBP (también se incluyó a los que tenían depresión unipolar y a otros con neurosis depresiva) que estuvieran en tratamiento farmacológico activo, tuvieran un buen nivel educativo y estuvieran conscientes de su enfermedad. Se les pidió que especificaran cronológicamente cómo se había visto afectado su trabajo en el curso de su enfermedad, y se les aplicó una escala elaborada por los autores, con el propósito de evaluar su “creatividad de la vida diaria” con base en los criterios de originalidad y percepción de pleno significado en las actividades cotidianas laborales y no laborales, tomando en cuenta que las condiciones personales y ambientales fueran óptimas, y descartando los periodos de inactividad o con limitaciones externas 

Aquellos con trastornos afectivos moderados obtuvieron mayor puntaje que los que presentaban síntomas severos. Los pacientes depresivos con historia familiar de TBP mostraron mayor “creatividad de la vida diaria” que aquéllos sin estos antecedentes. 

los autores concluyen que una diátesis para trastorno bipolar se relaciona con un incremento relativo de la “creatividad de la vida diaria”, ya que los síntomas moderados o subclínicos de la elevación del estado de ánimo (aumento de la velocidad del pensamiento, disminución de la necesidad de dormir y expansividad) se relacionan con las características cognitivas, afectivas y de conducta que están presentes durante los periodos de gran creatividad. El entusiasmo, la confianza y el sentido de bienestar aparecen durante la etapa creativa con o sin elevación del ánimo. 

Kopacz y Janicak (1996) sugieren algunas explicaciones posibles sobre la asociación entre la creatividad y la enfermedad bipolar: a) la creatividad es pro- ducto de la enfermedad bipolar, b) la creatividad y el trastorno bipolar son distintos, pero están controlados por genes relacionados, c) el temperamento creativo es fenomenológicamente similar a la hipomanía pero no es una forma de enfermedad bipolar. Comentan que los estudios parecieran apoyar las primeras dos opciones, sin embargo, indican que ni toda la gente con TBP es sumamente creativa, ni todos los individuos creativos tienen TBP. 

Algunos aspectos de la enfermedad bipolar pueden conducir a la creación artística, particularmente los estados hipomaniacos, en los que aumenta la energía, la velocidad del pensamiento, la de asociación, y la idea de grandiosidad, en tanto que disminuye la necesidad de dormir, lo cual podría permitirle romper la barrera entre el pensamiento exclusivamente interior y la expresión artística. 

En un estudio más actual, (2006) realizado por  la universidad de Stanford, se utilizó una batería de tests (entre los que se encuentran unos de los test más usados en este campo de estudio TTCT-F y el TTCT-V (test de pensamiento creativo de Torrance) para investigar el nivel de creatividad en pacientes bipolares tipo I, tipo II, ciclotimia y pacientes con depresión mayor en comparación con un grupo control sin ningún trastorno.

Entre los distintos trastornos bipolares no se encontraron diferencias significativas, en cambio sí que se encontraron en cuanto al grupo control. Se determinó que aquellos grupos en los que los pacientes padecían un trastorno tenían una mayor creatividad que aquellos que no presentaban ningún trastorno. 

En otro estudio realizado por la Universidad de Stanford se descubrió que los niños con o con riesgo de padecer bipolaridad tienen mayor creatividad que los niños del grupo control que no tienen ninguna relación con el trastorno bipolar.

“Hay una línea muy delgada entre el genio y la locura”.

Especialistas del Instituto Karolinska de Suecia llevaron a cabo en 2010 un estudio con 1,2 millones de personas sobre la relación entre la creatividad y las enfermedades mentales. Los resultados han revelado que las personas que se dedican a profesiones creativas son tratadas más a menudo por alguna enfermedad mental que el resto de los mortales.

En 2011 este mismo Instituto reveló que, tanto artistas como científicos, se podían encontrar con más facilidad en familias con historiales de trastorno bipolar y esquizofrenia, algo que les hizo pensar sobre el tema y que les llevó a desarrollar una segunda investigación. En este segundo estudio analizaron a más de un millón de personas con algún diagnóstico psiquiátrico como el trastorno bipolar, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, o el esquizoafectivo. El resultado ya se podía adivinar: resulta que el trastorno bipolar es mucho más prevalente en personas con profesiones artísticas o científicas como músicos, investigadores, escritores o fotógrafos.

Una última investigación –ésta llevada a cabo en colaboración con el Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres- analizó las calificaciones de los exámenes obligatorios a los que se someten los chavales de 15 y 16 años. Desde 1988 hasta 1997 estuvieron estudiando a un total de 714.000 personas, de las cuales, aquellas con calificaciones buenísimas demostraron ser más propensas a desarrollar trastorno bipolar que aquellas con calificaciones del montón.

Una nueva investigación realizada conjuntamente por las universidades de Lancaster y Yale, ha demostrado que las personas con un mayor riesgo de desarrollar trastorno bipolar, reportan de manera consistente experiencias más fuertes de inspiración.

El documento titulado “Desarrollo y validación de una nueva medida multidimensional de la Inspiración: Asociaciones con el riesgo de trastorno bipolar”, encontró una relación específica entre aquellas personas que encuentran su fuente de inspiración en su interior y el riesgo para el trastorno bipolar.

Según el profesor Jones, co-director de la investigación en la Universidad de Lancaster: “Parece que los tipos de inspiración más relacionados con la vulnerabilidad bipolar son los auto- generados y están vinculados con un fuerte impulso para el éxito”. “Una mayor comprensión de la inspiración es importante porque es un aspecto clave de la creatividad que está altamente asociado con problemas de salud mental, en particular, el trastorno bipolar”.

 

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