Perspectiva psicoanalítica de la Ansiedad: la Angustia

 

       En alemán, <angst> al igual que en el inglés <anxiety> existe un solo término para denominar a la ansiedad.  Sin embargo, en  francés, existen dos términos diferentes, <angoisse > y <anxiété> y en la escuela francesa existió la tendencia a considerar significaciones diferentes para ambos términos, dándole a la ansiedad un correlato más psicológico y a la angustia un significado más somático (Horigian, 2006).  En castellano, existen tanto el término ansiedad como el término angustia, los cuales pueden emplearse, en ocasiones, como sinónimos. Freud hacía referencia en sus escritos al vocablo <angst>, ya que los mismos eran escritos en alemán, por lo cual, con el paso del tiempo en la clínica psicoanalítica quedó establecido el uso de el término <angustia> quedando en desuso el de ansiedad, aunque se mencionara con la misma intención. Por ello, en el presente escrito, cuando se haga referencia a la ansiedad desde una perspectiva psicodinámica se utilizará el termino <angustia> ya que adicionalmente, en la clínica tanto la parte física como su correlato psíquico aparecen siempre como una sintomatología conjunta.

       Sigmund Freud empleó el término <neurosis de angustia> e identificó varias formas distintas con el tiempo, debiendo considerarse que cambió su concepto tres veces a lo largo de su vida, pero siempre le dio el lugar de un afecto que constituye una respuesta del Yo ante el displacer, considerando al Yo como el lugar natural de donde parte la misma (Lander, 2012). 

       En un primer lugar (1894), comenzó diferenciando a las <neurosis actuales>  de las <psiconeurosis de angustia>. Explicó en aquel momento, que las <neurosis actuales> implicaban una sensación sobrecogedora de pánico, acompañadas por sensaciones de descarga autonómica, incluyendo sudoración, aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca, diarrea y sensación de terror; para él, este tipo de angustia, se debía a la acumulación de la libido por la falta de actividad sexual o por la falta de una descarga psíquica adecuada, reteniéndose ésta a nivel somático y transformándose en angustia. Por su parte, la <psiconeurosis de angustia> implicaba una sensación difusa de miedo o temor, la cual se originaba en algún pensamiento o deseo el cual se veía impedido de su descarga por un conflicto psíquico previo que originó una represión de éste; en estos casos la libido se retenía a nivel somático y se transformaba en angustia (Brudny, 1980; Gabbard, 2006). 

        Posteriormente, a partir de 1905 y hasta 1916 continúa su desarrollo de la concepción de la angustia, le califica como afecto y distingue entre <angustia real> y <angustia neurótica>.  De este modo, la <angustia real> hace referencia a la reacción normal ante un peligro verdadero que amenaza al sujeto, y está enlazada al reflejo de fuga, por lo que la respuesta será una mezcla de angustia y de acción defensiva. La <angustia real> es una manifestación de la libido narcisista puesto que prepara para acciones defensivas, a la vez que implica un incremento de la atención sensorial y de la tensión motora. De esta manera, la percepción del peligro externo provoca un incremento de la libido narcisista  que no alcanza a ser descargada y se transforma en angustia (Brudny, 1980). 

       Por su parte, la <angustia neurótica> obedece a la represión, transformándose la energía libidinal en angustia y expresándose clínicamente a través de la <angustia flotante>, la <angustia de las fobias> y un tercer tipo de angustia que no parece tener relación con ningún peligro. La primera de estas formas clínicas, la <angustia flotante>, se muestra como un estado general de angustia, donde el paciente constantemente puede adherir angustia a cualquier representación adecuada en un momento determinado, aunque luego ésta cambie constantemente de objeto.  Mientras tanto, en las fobias, la angustia está firmemente ligada a una determinada situación u objeto. Como una tercera forma clínica, se presentan los episodios de angustia que aparecen súbitamente cuando no hay un aparente peligro, sino que hay una total ausencia de relación con un objeto o con una situación que haya podido fungir como desencadenante (Brudny, 1980; Martinez, 1994). 

       Para estas fechas, Freud mantenía la misma concepción de la génesis de la angustia que durante la primera etapa, pero con algunos agregados, como el papel trascendental de la represión y el hecho que en algunas neurosis, los síntomas apareciesen con la función de impedir la presentación y desarrollo de la angustia.  Por ello, frente a una determinada pulsión libidinal que entra en conflicto con las representaciones yoicas, el Yo enfrenta el conflicto reprimiendo la pulsión libidinal, pero antes de que surja la angustia,  los mecanismos de defensa son puestos en juego para protegerse de la misma y  los síntomas resultantes son producto de ello: por ejemplo en la evitación fóbica y en los actos obsesivos (Brudny, 1980). 

       A partir de 1920 comienzan a producirse cambios y revisiones teóricas que expresadas en 1926 en “Inhibición, Síntoma y Angustia”, implicarían nuevas conceptualizaciones muy importantes sobre la angustia, delimitando y dándole especial lugar al papel de las inhibiciones y los síntomas, al mismo tiempo que da un giro completo a sus concepciones puesto que ya no es la represión quien produce la angustia sino la angustia quien causa la represión (Freud, 1926; Martinez, 1994). 

       Brudny (1980) señala una serie de conclusiones que pueden rescatarse de tan trascendental obra: la primera de ellas es que el yo se defiende de las pulsiones, no solamente con la represión, sino con una serie de <mecanismos defensa> dependiendo de la situación. La represión es considerada ahora, uno de los mecanismos de defensa posibles y es promovida por la angustia, al igual que los demás mecanismos de defensa. Otra conclusión implica que la angustia en la <psiconeurosis> no procede de la represión, ni de la libido reprimida, sino de lo que ha provocado la represión y las otras defensas: el miedo a la <castración>, es decir, el punto de partida es el complejo de Edipo y el motor de la resistencia del yo es la <angustia de castración>; sin embargo, para las <neurosis actuales> reafirma su antigua teoría, sólo que manifiesta que la libido permanecía retenida en el ello, añadiéndose que lo que se reprime es  no solamente el impulso libidinal, sino también el agresivo. 

       No obstante, una de los cambios más importantes para este momento será la introducción de dos nuevas conceptualizaciones, la <angustia automática> y la <angustia señal>. De esta manera, la primera se define como la resultante de situaciones traumáticas, hallándose el aparato mental inundado por estímulos y es la es una respuesta espontánea del organismo frente a esta situación traumática o a su reproducción. Por su parte, la <angustia señal> se presenta cuando el Yo percibe una amenaza, interna o externa y da la señal de displacer, reactivando el afecto- angustia, ejecutando así algo con el fin de evitar dicha situación.  De esta manera, las defensas y los síntomas no serán para defenderse de la angustia como tal (lo cual sostenía en su primera teoría), sino para evadir o alertar ante la situación peligrosa que está siendo señalada. Tanto como fenómeno automático y como señal de alarma, la angustia tiene sus orígenes en las primeras etapas de la vida y debe considerarse como resultado del estado de desamparo psíquico del lactante, que evidentemente constituye la contrapartida de su estado de desamparo biológico (Freud, 1926; Brudny 1980; Laplanche y Pontalis, 1996).  

 

       Estas puntualizaciones le llevan a considerar la angustia como una reacción frente a una pérdida o una separación. De este modo, señalará que  las condiciones de angustia repiten la situación de la primitiva angustia del nacimiento, el cual, además de ser la primera experiencia traumática significaba también una separación de la madre, aunque debe señalarse que si bien el trauma de nacimiento es el prototipo de la angustia, no es excluyente con respecto a otras situaciones traumáticas. Freud  considera que la angustia se generó como reacción frente a un estado de peligro y se reproduce cuando surge de nuevo tal estado. Las reacciones somáticas propias del estado de angustia primitiva fueron acordes al hecho traumático del nacimiento, ya que buscaban  preparar la actividad pulmonar y cardíaca para luchar contra la ausencia de respiración durante el nacimiento. Aunque en la reproducción posterior no existe tal adecuación, si resulta adecuado el señalamiento de la proximidad de un peligro que puede ser enfrentado o suprimido tomando acciones determinadas (Brudny, 1980; Martínez, 1994).

      Freud explica que a medida que el niño crece, el significado del peligro va cambiando, así como el del objeto que está en riesgo de pérdida o ante cuya ausencia o separación surge la angustia.  En un primer momento, la situación que se valora como peligro es la insatisfacción, la de aumento de tensión de necesidad. Al ser un lactante, el peligro ahora es la ausencia de la madre y el niño da la señal de angustia ante la ausencia de su objeto antes de que ocurra la situación de incremento de tensión, usualmente generadas por hambre o dolor; esta angustia que aunque dura pocos minutos, puede resultar una experiencia fuertemente aterradora para el bebé, ante la cual la expresión es de llanto y demanda sobresaltada. Brudny señala que este cambio implica el primer progreso en el cuidado de la preservación de sí mismo, a la vez que pasando desde la génesis involuntaria de angustia, a la reproducción intencionada como señal de peligro, se da el pasaje de la <angustia automática> a la <angustia señal> (1980).

        Como se dijo, a medida que el niño crece va cambiando la percepción sobre la ausencia y el peligro: el objeto puede estar presente pero no del modo que se le demanda, puede retirarse el amor y el soporte brindado. Ya para la etapa fálica la pérdida de objeto está significada en la angustia de castración, y luego de la resolución del complejo de Edipo, la angustia es ante el superyó.  Esto será retomado más adelante en 1932, donde en Nuevas conferencias de introducción al Psicoanálisis, en su conferencia 32: Angustia y Vida Pulsional, Freud señala que al estudiar las distintas situaciones de peligro, es posible comprobar que a cada período del desarrollo le corresponde una angustia propia (Freud, 1932).  Lander (2012), señala que resultará de utilidad estudiar entonces los tres tipos de angustia según su tiempo lógico, los cuales corresponden a las maneras de presentarse la pérdida o la separación del objeto, a saber: <angustia de aniquilación> (etapa oral), <angustia de separación> (etapa anal) y <angustia de castración> (etapa genital). 

       Siendo así, será importante definir estos tres tipos de angustia, para lo cual se siguen los lineamientos planteados por el mismo Dr. Rómulo Lander en su texto Experiencia Subjetiva y Lógica del Otro (2014): 

       La <angustia de aniquilación> corresponde a la angustia temprana, también llamada angustia de muerte y es similar al prototipo de angustia, ya explicado, de la separación abrupta de la madre durante el nacimiento. Surge cuando desde lo psíquico, la persona cree que su integridad o coherencia mental está en peligro debido a una amenaza de colapso mental o desintegración.  Esto puede verse en niños muy pequeños, al igual que en adolescentes y adultos donde existe un predominio del eje N/e, donde el mismo anclaje en el narcisismo de las primeras etapas no permite una discriminación entre el Yo y el objeto, siendo propia de las relaciones objetales narcisistícas y simbióticas. 

       En segundo lugar, la <angustia de separación> aparece cuando en su ficción el sujeto se separa del objeto de apego y dependencia, sufriendo por ello; sin embargo, es más evolucionada puesto que sólo puede aparecer cuando el sujeto está diferenciado del objeto, algo que en el caso anterior no llega a ocurrir.

       Por su parte, la <angustia de castración> se da cuando en la ficción la persona cree estar en fracaso o ante una pérdida muy grande que le frustra y le deja en una posición de minusvalía. El concepto de fracaso estará subjetivado y dependerá del Ideal del Yo, así el terror ante la pérdida del significante, que representa el falo, es lo que desencadenará la angustia de castración. Por ejemplo: perder el honor al pasar una vergüenza en público, ser víctima de una situación que implique la no consecución de una meta a en la cual se había puesto una gran cantidad de energía psíquica, entre otros. Esto puede complementarse con lo dicho por Chemana y Vandermersch (2010), quienes indican que para Freud, la angustia es siempre articulable a la pérdida de un objeto fuertemente investido, ya se trate de la madre o del falo (o su posterior representación). 

       Por último, deberá mencionarse que en este mismo escrito, Freud abandona la noción de la libido reprimida como generadora de angustia en el caso de las <neurosis actuales>, algo que se había mantenido desde 1894 y que había sido incluso revalidado por él mismo en 1926. De igual manera, en este escrito Freud hace énfasis en el factor traumático que implica el incremento de cualquier pulsión en el aparato mental y subraya que cualquier factor traumático o  incremento de excitación que llegue a paralizar el principio del placer puede dar lugar a una <angustia automática>, y no solamente el trauma del nacimiento. Es con estos últimos ajustes a su propia obra que la teoría de la angustia adquiere su forma defintiva (Burundy, 1980).

 

 

 

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