Finalmente, Fiorini (2002), hace un gran aporte al explicar los diferentes momentos en el proceso terapéutico de las estructuras histéricas, los cuales divide en siete, y esto ayudará a entender el abordaje en la histeria.

 

  1. Constitución del vinculo terapéutico:

Las estructuras histéricas suelen establecer un contrato terapéutico con relativa facilidad (en comparación con los fóbicos o los obsesivos). Sin embargo, la relación transferencial presenta las dificultades propias de una ambivalencia intensa: la lucha por el poder inherente a la ilusión histérica de una posición fálica, ya asumida como propia, ya proyectada al terapeuta y convertida en objeto de disputa, desarrolla sus vicisitudes alrededor de los parámetros propios de contrato (horarios,  honorarios, cambios de horarios, vacaciones). Es decir, al  paciente estar en posición fálica, le cuesta mucho adecuarse al encuadre que debe respetar, que ha sido de alguna manera impuesto por el analista.

 

Su dominancia por el principio de placer hace que resista todas aquellas intervenciones que destaquen la vigencia del principio de realidad (realidad psíquica, realidad de las interacciones grupales, realidad del otro y del terapeuta). De este modo, la constitución del vínculo terapéutico se transforma en un campo de trabajo interpretativo permanente.

 

  1. Exploración de situaciones habituales de conflicto:

En este momento, la finalidad es hacerle ver a la paciente que esa diversidad de conflictos están relacionados, tienen un denominador común subyacente. El paciente histérico muchas veces consultará por una diversidad de conflictos, pero el terapeuta se da cuenta que son una mera repetición, y que tienen una base común, y es lo que intenta trasmitirle al paciente en esta etapa. Es un trabajo de unificación de sentido, de pautas de interacción, reconocer que hay un ciclo de repetición en las cuales un tipo de situación de conflicto se manifiesta una y otra vez, aunque con variaciones.

 

Se relevan los modos histéricos de comunicación, percepción e ideación (apelar a un lenguaje de afectos, exigir de los otros definiciones, recortar los datos de acuerdo a un estilo impresionista de registro, ordenar esos datos según las tensiones creadas por su organización histérica). El paciente deberá comprender en qué medida la interacción es afectada, así como cuántas y qué respuestas hostiles de los otros pueden ser reacciones ante este estilo de comunicación histérico.

En esta fase se busca la comprensión de su modo de interpretar los acontecimientos y el encuentro de los modos histéricos de codificar las conductas propias y ajenas y ordenarlas de un modo “objetivo”, sistemas de códigos:

1. Activo-pasivo,

2. Sujeto-objeto del deseo,

3. Deseo-prohibición,

4. Fálico-castrado,

5. Placer-displacer,

6. Seducción-fracaso de la seducción y

7. Resonancia empática-indiferencia.

 

Estos siete sistemas de códigos son los que emplea el histérico para codificar la información e interpretar los hechos, reduciéndolos a estas categorías dicotómicas. Estas categorías instaladas como absolutas, son aplicadas en la interpretación inconsciente histérica a las situaciones de interacción y a la evaluación de sí misma con una notable movilidad y ubicuidad.

 

  1. Delimitar un ámbito propio de la personalidad histérica, el de su realidad psíquica, diferente a la realidad psíquica de los otros.

Este reconocimiento de la realidad psíquica de la histeria se va cumpliendo a través del reconocimiento de un conjunto de escenas que constituyen para el sujeto su realidad. Son escenas básicas, inconscientes, que la estructura histérica vive, busca, induce y cree encontrar en sus vínculos con los otros:

 

  1. Situación depresiva, monótona, en la que la protagonista sueña con un paraíso utópico.
  2. Escena de seducción, de tentación y erotización vitalizadoras.
  3. Consumación de la seducción, exclusión del rival en una situación triangular, seducción del personaje idealizado, representante del falo omnipotente. Triunfo y exaltación.
  4. Fracaso de seducción, retorno triunfante del rival, castración propia y/o castración del personaje idealizado de la escena, pérdida del paraíso, situación infernal.
  5. Nueva situación depresiva, monótona, rumiando decepciones, heridas, resentimientos. Lento retorno a la posibilidad de ensoñar la aparición de una nueva situación paradisíaca.

Se trata entonces de crear insights y elaboraciones acerca de estas escenas propias del mundo interno y los modos de su encuentro en el mundo cotidiano. También la persona tendrá que reconocer aquellas situaciones en la que ella cree ver elementos de aquella escenificaciones como si estuvieran instalados de un modo equívoco.

 

  1. Se va captando progresivamente que aquellas escenas son actualizaciones de escenas derivadas del proceso edípico infantil, particular de la estructura histérica.

Se busca comprender que aquellos juegos de triunfo y exclusiones remiten a esa historia de ubicación conflictiva, excitante y frustrante, entre las figuras materna y paterna. Se trata de las imagos, de las interacciones reales y las fantasmáticas, en donde aparecen cristalizadas las identificaciones propias del Edipo histérico: hombre idealizado, hombre castrado, mujer idealizada, mujer denigrada. El reconocimiento de estas identificaciones permite la reconstrucción de su historia personal y el descubrimiento de una historia de interacciones subjetivizadas, subyacente a la construcción de esas escenas e imagos absolutizadas.

 

  1. La reconstrucción de aspectos de la historia personal abre un movimiento de retorno desde los conflictos con imagos paternos y maternas.

Se da un retorno desde conflictos centrados en figuras masculinas (representante de imago paterna) hacia las carencias y demandas pendientes de maternaje y de satisfacción oral que hubieron de dirigirse originariamente hacia la figura materna, ya que en el Edipo histérico, se reclama precozmente del padre lo que se busca del padre en todo proceso edípico, pero también todo lo que la madre histerógena deja sin satisfacer en el plano de la demanda oral.

 

Es una etapa de duelos, de reestructuración profunda de la personalidad, duelo por debilitamiento de las idealizaciones puestas en los representantes fálicos de la imago paterna, duelo por toma de contacto con necesidades maternas, negadas a través de una rivalidad con la figura de la mujer. En esta etapa predomina ese retorno de los conflictos siempre centrados en la figura paterna, hacia la figura materna. La mujer deja de ser la eterna rival. La mujer pasa a aceptar la posibilidad de ser mujer sin ser por ello inevitablemente castrada y denigrada.

 

Para el terapeuta esta es una etapa de continencia, capacidad de presencia y de resonancia empática con el dolor psíquico.

 

  1. Asumir relaciones nuevas con la realidad

Tras la elaboración de los duelos, se asume la realidad de la propia estructura y realidad de los otros comprendidas en términos de categorías no restringidas a las escenas ni a códigos específicos de la histeria. Este proceso permite ampliar y consolidar capacidades adaptativas y creativas mediante las cuales la persona puede conseguir fuentes de placer. Se da la capacidad inédita para el histérico, de encontrar goce sexual genital en condiciones de estabilidad de un vínculo amoroso.

 

  1. La consolidación de estos desarrollos establece el momento de terminación

Desde Fiorini, se abordó la histeria desde el punto de vista psicoanalítico enfocándose en el abordaje terapéutico. A partir de lo planteado en este trabajo, se tiene ahora una idea general sobre cómo abordar a un paciente histérico en cuanto a sus modos de funcionamiento caracterológicos, estilos de comunicación, y sobre los aspectos profundos de la estructura histérica.

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