Las dos caras del espejo.

En mi entorno, muy pocas personas saben que me analizo con frecuencia con un psicoanalista. Para mí, éste es un proceso que se recorre solo y si bien no tengo problema alguno en conversarlo con amigos, no es algo que saque a relucir en condiciones normales en una relación reciente. Vamos, que no vamos por ahí con un cartel que diga “voy al psicólogo”.

 

Y sin embargo, cuando ya ha pasado cierto tiempo y has recorrido un poco tu camino interno, te das cuenta que hay mucha gente que va por ahí con un cartel que dice “no voy al psicólogo”. Y es que entre más hablaba en el diván, más aprendía a escuchar.

 

Y sí, no se va al psicólogo a decirle cosas. Vas allí a escuchar lo que tú mismo tienes que decir. La verdad es que no sabría explicar muy bien la labor del psicoanalista, pero sí me preguntaras, como paciente, te diría que el proceso es como la Divina Comedia. El analista es Virgilio, y tú como paciente eres Dante. Recorriendo uno a uno los anillos de tu infierno, las terrazas de tu purgatorio y las esferas de tu paraíso.

Es compañía y guía pasiva, son como anclas que permiten que esa conversación contigo mismo fluya. Pero de la relación con el analista te converso otro día.

Porque al final el trabajo no lo hace el analista. La respuesta no está en él o ella, sino en tí mismo. Y para descubrirla tienes que escucharte.

 

Y aquí las cosas se ponen interesantes, pues es una puerta que una vez abierta, no puedes volver a cerrar. Y es que al aprender a escucharte, también aprendes a escuchar a los demás.
Aprendes a escuchar y a entender. Aprendes a escuchar lo que los otros tienen que decir. Y a veces hasta lo que no quieren decir. Aprendes a percibir y reconocer la presencia y existencia del otro. Quizá tampoco te haga falta decir que te analizas. Simplemente algo va a cambiar.

Como Alicia, habrás descubierto que el espejo puede atravesarse y detrás de ese cristal, que te ciega con tu reflejo, hay todo un mundo alternativo.

Lo dejo hasta aquí, que ya llevo dos referencias a libros y no quiero una tercera y va a empezar a sonar raro.

En otra ocasión te cuento más cosas

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