Cabe destacar, que el caso más emblemático estudiado por Freud sobre fobia, es el de “Juanito”.

Juanito desarrolló un temor a los caballos a partir de los 5 años de edad, razón por la cual éste se negaba a salir a la calle por miedo a encontrarse con uno. Freud logra distinguir en este caso una angustia inicial hacia ningún objeto aún, para posteriormente sentir un temor intenso, pero esta vez a los caballos específicamente; Freud concluye así que la angustia era la transformación de la excitación sexual provocada en el niño por la relación con la madre, y que los caballos simbolizaban al padre, del cual Juanito temía que lo castigara.

            Por su parte, Lacan realiza una lectura detallada de este caso en su seminario 1957-8, donde explica su definición de angustia y fobia, en la cual la primera aparece en un inicio y la segunda aparece como una formación defensiva que convierte la angustia en miedo, dirigiendo este miedo a un objetivo en específico. No obstante, difiere de Freud al no identificar al objeto fóbico como representante sólo del padre, sustentando que éste no representaba únicamente al mismo, sino a varias personas a la vez, señalando entonces que la característica elemental del objeto fóbico es que no se restringe a representar sólo a un individuo, sino a varios sucesivamente.

             Según Lacan, la causa de la fobia de Juanito fue debido a que su padre no intervino como agente de la castración, el cual debía de ser su rol en el complejo de Edipo. Cuando la sexualidad del niño empieza a surgir a través de la masturbación infantil, el cuadro preedípico (madre-niño-falo imaginario) se convierte, y deja de ser fuente de goce para transformarse en una angustia.

            Asegura Lacan que de haber intervenido su padre, Juanito no hubiese desarrollado tal angustia, ya que al castrarlo simbólicamente, el niño no hubiese tenido que buscar un sustituto en la fobia. De esta forma, la fobia usa un objeto imaginario (en este caso el caballo) para reorganizar el mundo simbólico del niño y de esta manera, ayudarlo a pasar del orden imaginario al orden simbólico. Se pudiese decir entonces que la fobia, al contrario de ser un fenómeno negativo, es más bien una vía de hacer vivible una situación traumática, por medio de la introducción de una dimensión simbólica, pese a que ésta sea sólo una solución temporal.

Evans (1996) explica así que:

El objeto fóbico es entonces un elemento imaginario que puede funcionar como significante al ser utilizado para representar todos los elementos posibles del mundo del sujeto. Para Juanito, el caballo, en diferentes momentos, representa a su padre, su madre, su pequeña hermana, sus amigos, a él mismo, y además muchas otras cosas. En el proceso de desarrollar todas las permutaciones posibles entorno al “cristal significante de su fobia”, Juanito pudo agotar todas las imposibilidades que bloqueaban su pasaje desde lo imaginario a lo simbólico, y de tal modo encontrar una solución a lo imposible, recurriendo a una ecuación significante (P.95-96).

            Con respecto al tratamiento, Lacan proponía que en vez de desensibilizar al sujeto (como en el conductismo) o de proporcionarle una significación al objeto fóbico (“el caballo representa a tu padre”), la cura debía de dirigirse a través de la elaboración de todas las diversas permutaciones que involucra el significante fóbico por parte del individuo. Al ayudar a la persona a desarrollar su mito individual de acuerdo con sus propias leyes, la cura hace posible que el mismo acabe con todas las combinaciones posibles de los elementos significantes, y así disolver la fobia.

            Cabe destacar, que en este caso, Lacan aborda específicamente las fobias infantiles, sin embargo no deja claro si estas intervenciones son aplicables de igual manera en los casos de fobias en adultos.

Fenichel (1974) explica que la ansiedad neurótica es una respuesta primitiva, propia de la etapa de desamparo infantil, desatada de nuevo por un estímulo actual. La condición para que el estímulo presente regenere tal respuesta, radica en su capacidad de restaurar los temores infantiles de pérdida de amor del objeto, abandono y castigo, acompañados de sentimiento de desvalimiento.

Melanie Klein, completa la comprensión de la fobia al explicar que lo que yace en ésta, es el miedo del individuo de sus propios impulsos destructivos y a sus padres introyectados. Decía así, que debajo de este miedo no estaría sólo el temor a ser castrado, sino un miedo más arcaico de ser devorado por el superyó, de manera que la fobia establecería una transformación de la ansiedad propia de los estadios más tempranos.

Con respecto al abordaje terapéutico de las fobias, Fiorini (1993) comienza mencionando una cita de Freud en “Los caminos de la psicoterapia psicoanalitica”, la cual dice lo siguiente:

 “El descubrimiento de que las distintas formas patológicas que tratamos no pueden ser curadas todas con la misma técnica nos ha impuesto otra especie totalmente distinta de actividad. Sería prematuro tratar ya aquí detalladamente de esa cuestión, pero si puedo haceros ver, en dos ejemplos, en qué medida surge aquí una nueva modalidad activa de nuestros métodos. Nuestra técnica se orienta hacia esa afección. Pero las fobias nos obligan ya a salirnos de nuestra conducta habitual. No conseguiremos jamás dominar una fobia si esperamos que el análisis llegue a mover al enfermo a abandonarla, pues no aportará entonces nunca el análisis material el material indispensable para conseguir una explicación convincente de la misma. Por tanto, habremos de seguir otro camino. Tomemos como ejemplo la agorafobia en sus dos grados, leve y grave. El enfermo de agorafobia leve siente miedo de ir solo por la calle, pero no ha renunciado a hacerlo. El enfermo grave se protege ya contra la angustia, renunciando en absoluto a salir solo. Con estos últimos no alcanzamos jamás resultados positivo alguno si antes no conseguimos resolverlos, por medio del influjo analítico, a conducirse como los primeros, esto es, a salir solos a la calle, aunque durante tales tentativas hayan de luchar penosamente con la angustia. Así pues, hemos de tener antes de mitigar la fobia, y una vez conseguido esto mediante nuestra intervención activa, el enfermo se hace ya con aquellas ocurrencias y recuerdos que permiten la solución de la fobia. La actitud expectante pasiva parece aún menos indicada en los casos graves de actos obsesivos, los cuales tienden, en general, a un proceso curativo “asintótico”, a una duración indefinida del tratamiento, surgiendo en ellos, para el análisis, el peligro de extraer a la luz infinidad de cosas sin provocar modificación alguna del estado patológico.”

(Freud, 1910, citado por Fiorini (1993) P.40-41)

 

Es decir, las diferencias dadas por los distintos tipos de personalidades, y a su vez la técnica de abordaje para ellos, vienen dados de diversas formaciones estructurales psicodinámicas profundas. Estas formaciones tienen que ver directamente con cómo es vivido el proceso de castración en el individuo, y cómo éste lo maneja a través de la angustia que le genera, y por lo tanto desarrolla un tipo de defensa específica. De aquí entonces se forma tal estructura y comienza la evolución del carácter. Es allí donde debemos saber cómo comunicarnos con un paciente, en la escucha del trabajo clínico que a través de cada sesión puede elaborar y de acuerdo con su formación estructural, poder abordar. Aunque ya entendemos que no se aborda combatiendo a las defensas del sujeto, se aborda mediante ese pequeño espacio que esas defensas dejan salir a la luz. 

Las técnicas clásicas de abordaje que se utilizaban en el año de 1918 en pacientes histéricas, no funcionaban. Fiorini entonces menciona, que a lo largo de varios años trabajó con catorce pacientes fóbicos, aunque algunos ya habían terminado su tratamiento, dejando así una importante reflexión que permitiera comprender el proceso que ejecutó con estos pacientes, y que además fueron procesos muy enriquecedores tanto en el aprendizaje del tratamiento, como en su formación estructural. Además de esto no se mantuvo trabajando sólo en esta exploración que implicaba aproximarse a un paciente fóbico, estuvo bajo esta investigación con un grupo de especialistas y colaboradores que se pudo ampliar hasta un número de cincuenta pacientes fóbicos para revisar los casos. Es entonces a partir del trabajo con estos cincuenta pacientes, que su experiencia en abordaje clínico en fobias se va ampliando.

Plantea así distintas fases donde se brinda un proceso específico terapéutico para pacientes fóbicos donde, se sugieren tareas que son necesarias para acompañar al paciente con sus problemáticas transferenciales particulares. Es importante mencionar que estas tareas son esbozadas en un orden, que no se debe alterar, ya que se van trabajando ansiedades y conflictos que se van intensificando, y por ende exige mantener una relación de continuidad.

  1. La primera fase establece la creación del vínculo terapéutico con el paciente. En este apartado el paciente se muestra muy ambivalente, con respecto al cumplimiento de las normas que pueden establecer entre ambos, ya que acepta comenzar un proceso terapéutico pero le cuesta adentrarse en las condiciones que éste implica; puede que se asome al tratamiento pero podría ser que se quede sólo algunos meses, es una incertidumbre tanto para el paciente como para el terapeuta poder realizar un vínculo en un tiempo corto, ya que no se sabe hasta qué momento se va a trabajar.

Por su parte el paciente se mantiene en una óptica distinta al terapeuta, ya que plantean dos visiones entre lo posible de lograr y hasta donde es necesario llegar. Entonces aquí se debe (desde una mirada y un trato sutil), comenzar a realizar un trabajo compartido. El terapeuta debe dar al paciente ese panorama de ambivalencia para que éste pueda ir haciéndose cargo de ello por sí mismo. El terapeuta debe tener una posición de flexibilidad con este tipo de pacientes, ya que en su mayoría no pueden aguantar más de dos sesiones semanales.

 

  1. En la segunda fase se pretende declarar la posición del paciente en cuanto a su habitual emersión de ansiedad. Entonces el mismo señala progresivamente sus pautas a través de un proceso interactivo, donde debe singularmente manejar sus defensas disociativas y proyectivas características de las fobias, que le permite ubicarse en un espacio tanto interno como externo, para contemplar sus propias relaciones ambiguas. Para el paciente fóbico le resulta más tolerable hablar sobre sus relaciones con los otros.

Sin embargo en este hablar no están en juego sus propias defensas, pero puede llegar a obtener e integrar modelos que puede utilizar, para posteriormente pensar en él. Es un proceso donde será el individuo quien se dé cuenta que lo que le pasa a otros también le sucede a él, es por ello que se debe ser paciente como terapeuta y dejar que la persona instaure una relación de trabajo por sí mismo que pueda ir manejando y a su vez avanzando.

 

  1. Se llega a una tercera fase, cuando el paciente ha logrado manejar progresivamente un espacio interno y externo que le han permitido lograr una realidad psíquica individual que además de asimilar debe tolerarla, y también aprovecharla porque está haciendo frente a una realidad que no tenía. Es entonces cuando allí, ya en este espacio que se dio el individuo para sí mismo, se exploran los deseos y conflictos propios del mismo. Estos conflictos serán expuestos desde una regresión, y se expondrán como identificaciones ante la castración. Es el momento de profundizar sobre el objeto fobígeno y sobre los mecanismos de defensa propios del paciente. Es donde se observa el fantasma de castración, y las experiencias que lo evocan.

 

  1. En esta cuarta etapa, y luego de un trabajo minucioso y exhaustivo realizado en la etapa anterior, le aparecerá al paciente la angustia que se produjo justo antes del mismo momento en que se convirtiera en miedo, ya que sus defensas se han debilitado. Aquí es cuando el paciente logra hacer insighty podrá entender que sus defensas fóbicas eran producto de la amenaza de castración, que si se observa desde otra perspectiva, son esas mismas ejecuciones y defensas fóbicas sus verdaderas castraciones. A pesar del fuerte momento de angustia vivido para el paciente, será éste el momento de adquirir nuevas pautas para su funcionamiento, y cuando haya logrado esto, entonces se iniciará con un trabajo y proceso de cierre y terminación.

 

  1. En esta última fase de trabajo, se replantean todos los conflictos vividos a lo largo de la vida del paciente, para dar así una nueva construcción de su psiquismo, que será el que le permitirá avanzar en un proceso de autoanálisis que deberá continuar y que puede llegar a ser muy prolongado.

 

 

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