Pasaje al acto: en tanto lo sitúa Freud, como un más allá del principio del placer, está enteramente ligado a la pulsión de muerte. Se deduce que un hecho en sí y por sí mismo no permite discriminar entre acting out y pasaje al acto. Un intento de suicidio, un suicidio consumado, un robo, un asesinato, por ejemplo, pueden ser uno u otro.

El acting out se relaciona con el concepto de repetición -repetición de lo reprimido-, donde el sujeto actúa aquello que por la represión de los significantes no puede recordar. Es decir, el acting out está del lado del sentido, del sentido reprimido; hay un significante enlazado al acting out. En cambio, el pasaje al acto está asociado a la pulsión de muerte, separado del eros. Hay en él una repetición, pero repetición pulsional mortífera.

En Lacan, el fantasma, en la estructura subjetiva, se articula al deseo, regula el goce y “civiliza la acción de la pulsión”. El fantasma es aquello que crea la historia propia del sujeto, su conducta, su relación con otras personas, lo que repite, su forma de enfrentarse al mundo, donde una y otra vez se repiten los mismos resultados originados en el mismo comportamiento del sujeto.

En el seminario de “La Angustia“, Lacan afirma que la realidad psíquica es la realidad del sujeto, y diferencia si entre el mundo real y Lal escena del fantasma. El hombre solo puede constituirse como un sujeto que habla en una escena de ficción, que viene a ser la escena del fantasma.

El problema surge entonces en el sujeto cuando no encuentra esta estructura de ficción para asumir ciertos papeles propios en la vida, por lo que es arrojado fuera del fantasma, hacia lo real y responde de la única forma que puede: con el pasaje al acto.

Por ello, atravesar el fantasma en el pasaje al acto implica que toda la estructura del sujeto queda desarticulada, cayendo el sujeto de la escena fantasmática. El pasaje al acto supone entonces un atravesamiento salvaje y radical del fantasma. Por el contrario, el acting out se inscribe siempre en la lógica misma del fantasma.

El atravesamiento salvaje del fantasma o pasaje al acto supone un franqueamiento de ese límite y nos indica el signo de un acto que hace volver al sujeto a un punto de exclusión fundamental. 

El sujeto en el pasaje al acto cae fuera del campo del Otro, fuera del fantasma.

Si pensamos en una persona consumidora de sustancias adictivas, ente momento de máxima adiccion, el sujeto se precipita desde el lugar de la escena donde sólo puede mantenerse como sujeto fundamentalmente historizado, repitiendo lo que acostumbra a hacer. Aquí ocurre el pasaje al acto, esta angustia que siente el sujeto le desborda, sin poder articular una respuesta simbólica, no encuentra un significante que lo simbolice como sujeto y cae de la escena fantasmatica por medio del pasaje al acto, el consumo. 

Es un momento en el que “hay que lanzarse; no se piensa, se actúa; es como estar fuera de todo”…

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