La referencia afectiva de una figura primaria, las experiencias tempranas con ella junto con los vínculos que establecemos con las personas que nos cuidan durante la infancia constituyen necesidades biológicas y emocionales básicas que permiten la sobrevivencia del niño, confluyendo tanto en el estilo de apego como en la manera de vivir las relaciones y el entorno (Bowlby,1969). 

Según la teoría del apego del niño, las relaciones posteriores que se establecerán en la edad adulta, se verán influídas por el estilo de apego y los modelos operantes internos desarrollados a lo largo de la infancia (Bowlby, 1980) . Según las experiencias que se tengan con las figuras de apego durante la infancia, los niños generarán expectativas en relación a las interacciones ocurridas en esta etapa de la vida. 

En el informe de su investigación que titula Maternal Care and Mental Health, Bowlby expone su teoría sobre la necesidad materna, en la que demuestra  que la actitud afectiva constante con la madre es un dato fundamental de la salud psíquica del niño.

Define Monotropía al mecanismo de apego que desarrolla el niño en sus primeros meses de vida, tanto que si se rompe, causaría serias consecuencias (Bowlby, J. 1969). Presenta la hipótesis de que el recién nacido y el niño deben experimentar una relación continua, intima y cálida con su madre (o persona que la sustituye) en el que ambos pueden encontrar tanto satisfacción como placer, cuya falta puede acarrear consecuencias significativas e irreversibles para la salud mental.

Wright, M. (1996), destacó la importancia del desarrollo social en función de la necesidad de seguridad como parte del carácter normal del ser humano.

Kenneth Craik, mediante el concepto Modelo interno en las relaciones sociales, define la capacidad de adaptación mediante la habilidad del pensamiento para predecir eventos, habilidad que hace posible la supervivencia.  La persona realiza abstracciones para predecir el futuro en base al conocimiento de hechos pasados.

La parte básica de la teoría del apego se basa en entender que desde el nacimiento, el ser humano necesita desarrollar una relación de al menos un cuidador principal con la finalidad que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad.

Siguiendo a Arend, Gove Y Sroufe (1979), un cuidado inadecuado durante la infancia es productivo de problemas posteriores en las relaciones con iguales

Mary Ainsworth, entre 1960 y 1970, apoyada en las teorías de Bowlby, realiza investigaciones en Uganda, sobre la naturaleza de los vínculos en los bebés, y clasifica los patrones de apego en los recién nacidos como: apego seguro, apego inseguro-evitativo y apego inseguro ambivalente, y en investigaciones posteriores añade el apego desorganizado.Desarrolla una herramienta estandarizada, El Protocolo de la situación extraña como parte de su estudio de laboratorio para determinar el tipo de apego que el niño ha establecido con la figura que le proporciona cuidados. (Ainsworth, M. Et al. 1978).

En estudios posteriores, (Main & Solomon, 1990) el patrón de apego desorganizado se ha caracterizado por la ausencia de una estrategia coherente para para manejar la ansiedad y se manifiesta en conductas excitativas y ambivalentes.

Algunos investigadores sugieren que este patrón surge cuando el cuidador principal del niño está deprimido, desequilibrado, o es abusivo de alguna manera (Main & Hesse, 1990) 

Los adultos con apego seguro tienden a tener una visión más positiva de sí mismos, sus parejas y sus relaciones, se sienten cómodos con la intimidad y la independencia. Los adultos preocupados-ansiosos buscan mayores niveles de intimidad, aprobación y respuesta de la pareja, volviéndose excesivamente dependientes. Tienden a ser menos confiados, tienen una imagen menos positiva de sí mismos y de sus parejas, y pueden presentar altos niveles de expresividad  emocional, preocupación e impulsividad en las relaciones. Los adultos independientes-evitativos desean un alto nivel de independencia, muchas veces evitando por completo el apego. Se consideran autosuficientes, invulnerables a los sentimientos de apego y sin necesidad de relaciones cercanas, tienden a reprimir sus sentimientos, distanciándose de sus parejas de quien suelen tener una imagen negativa. Los adultos asustados-evitativos tienen sentimientos encontrados sobre las relaciones, tienden a desconfiar de sus compañeros y se ven a sí mismos desvalorizados, tienden a buscar menos intimidad suprimiendo sus sentimientos (Hazan, C. y Shaver P. R, 1994).

Según Hazan y Shaver (1990) el miedo a la intimidad está asociado con adicción al trabajo.

Al final del primer año, el bebé es capaz de demostrar una serie de conductas de apego destinadas a mantener la proximidad, cuando empieza a andar, comienza a usar al cuidador o cuidadores como una base segura para explorar (Cebeiro, M. 2008).

El divorcio parental durante la infancia está asociado con la soledad crónica en la edad adulta según Shaver y Rubinstein (1980).

En la primera de las conferencias de Bowlby, titulada “Psicoanálisis y cuidado del niño”, publicada por primera vez en Sutherland, J. O (1958), Psychoanalysis and Contemporay Thought, Londres: Hogart Press, el autor afirma que si un lactante o un niño en la primera infancia goza del amor y la compañía de su madre, y más tarde de la de su padre, crecerá sin el deseo de un apego seguro y sin una propensión al odio. Si carece de dicho amor o compañía, es probable que su ansia por aspirar a un apego seguro sea elevada, y estará constantemente buscando amor y afecto, y mostrará una tendencia a odiar a quienes no se lo proporcionen o que le parezca que no se lo dan. 

Anna Freud y Dorothy Burlingham, en informes sobre las Hampstead Nurseries, realizados durante la Segunda Guerra Mundial han aportado ejemplos de la intensa hostilidad de niños hacia la figura amada, cuando han sido separados de la misma en edades tempranas. Se observó la intensa ansiedad y agitación que manifiestan muchos niños de corta edad cuando ingresan en un hospital o guardería-residencia, y la desesperación con la que más adelante cuando vuelven a su hogar, se aferran a sus madres y las siguen a todas partes.

Bowlby, en 1944 elabora una hipótesis sobre la ambivalencia amor-odio que sienten los niños que han sido separados de sus madres a edades tempranas, y como se intensifican ambos sentimientos.

Los cuidados del adulto se regulan por un sistema de conducta complementario, cuando los niños lloran, éstos tratan de calmarlos, y cuando sonríen es una recompensa, cuando los padres se mueven, los bebes les siguen con la mirada, estos dos sistemas crean el tipo de relación que fomenta la supervivencia del bebé.

Un sistema de conductas consiste en un conjunto de comportamientos que hacen la misma función, aunque sean morfológicamente diferentes, como la risa o el llanto. El sistema de apego es similar en algunos aspectos a los sistemas psicológicos que regulan la temperatura corporal, o la presión sanguínea, cualquier obstáculo real o percibido, para el mantenimiento de la proximidad resulta ansioso, lo que desencadena comportamientos de apego para restablecer la cercanía. 

Así, las conductas hasta conseguir el objetivo de proximidad  persisten hasta se haya conseguido. El grado de proximidad requerido para mantener la ansiedad a raya está relacionado con con factores exógenos y endógenos, incluyendo la edad del niño, el estado físico y emocional y las amenazas percibidas en relación al ambiente.

El establecimiento y el mantenimiento de la proximidad engendra sentimientos de amor y de seguridad, mientras que las disyunciones en la relación típicamente generan ansiedad y a veces enfado o tristeza, dependiendo de las valoraciones.

El apego es uno de los sistemas de comportamiento distintivos, pero entrelazado, incluyendo la exploración, el cuidado, la afiliación y el apareamiento sexual. Cada sistema sirve a una función única y responde a diferentes señales ambientales. Al menos durante la infancia y la niñez, el apego e el sistema preexistente y su activación completa excluye la activación de otros sistemas.

A medida que las experiencias de los niños sienten seguridad (Sroufe y Waters, 1977), el sistema de apego está inactivo y otros sistemas están disponibles para la activación, aunque sigue habiendo una comprobación de la disponibilidad de la figura de apego. En términos de evolución ha sido adaptativo para los niños sentirse suficientemente seguro para participar en juegos y exploración cuando una figura familiar está disponible para responder si es necesario. La reacción más segura ante cualquier amenaza  o desconocimiento es dedicar la engría y atención al restablecimiento de la proximidad.

Compárteme en:
fb-share-icon20
Tweet 20

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *