adicción al móvil

A lo largo de los últimos tiempos el uso de la tecnología se ha convertido en un componente indispensable en nuestras vidas. Actualmente, por ejemplo, los teléfonos móviles son parte integrante del moderno sistema de telecomunicaciones. En muchos países, además, son utilizados por más de la mitad de la población, y el mercado está creciendo a un ritmo vertiginoso. El uso de teléfonos móviles se ha universalizado tanto que a día de hoy hay más contratos de telefonía móvil (unos 6900 millones) que población mundial (OMS, 2014).

Los jóvenes se han convertido en los principales usuarios de los diferentes servicios que ofrece la telefonía móvil, a los que dedican cada vez más tiempo y recursos económicos. Para esta generación, los teléfonos móviles son objetos que siempre han existido, hecho que les convierte en expertos para poder elegir el medio, lugar y el momento en el que hace falta utilizar el móvil (Castellana, et al, 2007).

El teléfono móvil tiene varios significados en la vida de los jóvenes. Por un lado, el móvil constituye una parte natural e importante de su cotidianeidad y lo utilizan como medio para organizar las actividades de la vida diaria. También se ha convertido en un medio para construir un vínculo social y para definir el propio espacio de cada cual en relación con los otros (Oksman y Rautianienen, 2002¸Oksman y Turtiainen, 2004 citado en Pedrero, Rodríguez y Sánchez 2012). Por otro lado, el móvil interviene significativamente en la socialización porque permite definir tanto la identidad individual (formas, colores, tonos, etc.), como colectivamente creando un lenguaje especial de grupo. Así mismo, el móvil actúa de barrera de seguridad frente a los padres desde el momento en que estos no pueden acceder al terminal (Lorente, 2002; Lobet-Maris, 2003 citado en Pedrero, Rodríguez y Sánchez 2012). 

El smartphone incorpora todo aquello que hasta no hace mucho se relacionaba con la adicción a Internet (Ishii, 2004), de modo que debe considerarse en el momento actual como una plataforma potencialmente multi-adictiva en la medida en que ofrece una gama inagotable de recursos, que se traduce en una gran aceptación entre los jóvenes (Walsh, White y Young, 2008). Asimismo, la característica fundamental del móvil es la inmediatez de las comunicaciones por lo que el abuso del móvil se traduce en la incapacidad para demorar la recepción del estímulo y la emisión de una respuesta (Pedrero, 2012). En un elevado número de casos, el móvil condiciona las relaciones sociales cuando se utiliza de forma descontrolada (Bianchi y Philips, 2005). 

En primer lugar, es pertinente diferenciar entre uso y abuso del móvil., “uso”, según la RAE (2017), significa capacidad o posibilidad de usar algo. Costumbre o hábito. La palabra abuso, según la RAE (2017), significa acción y efecto de abusar. El término abusar se define como hacer uso excesivo, injusto o indebido de algo o de alguien. 

Para Alaghemandan (2012), cualquier entidad capaz de estimular a una persona puede ser adictiva, “cuando un hábito cambia a una obligación, puede considerarse una adicción”. En este sentido, las adicciones del comportamiento como la adicción a Internet o al teléfono móvil serían similares a la adicción a las drogas. En el DSM-5 (APA, 2013), se introducen los trastornos relacionados con sustancias y otras adicciones, y se valoran los conceptos de uso y abuso en relación a sustancias psicoactivas. En este último apartado se incluye únicamente el juego patológico, aunque puede asemejarse a las adicciones conductuales, no están recogidas como tal las adicciones a las TIC. “Dado el gran número de usuarios de teléfonos móviles, es importante investigar, comprender y seguir de cerca las repercusiones que podrían tener” (OMS, 2014). 

Los elementos diagnósticos esenciales de las adicciones son la dependencia psicológica y los efectos perjudiciales (Urueña, Valdecasa, Ballestero, et al, 2013). La dependencia psicológica incluye el deseo, ansia o pulsión irresistible (craving), la polarización o focalización atencional, la modificación del estado de ánimo (sensación creciente de tensión que precede inmediatamente el inicio de la conducta; placer o alivio o incluso euforia mientras se realiza la conducta; agitación o irritabilidad si no es posible realizar la conducta) y la incapacidad de control e impotencia, (Graner, Beranuy, Sánchez, et al, 2006). Los efectos perjudiciales tienen que ser graves y alterar tanto el ámbito intrapersonal (experimentación subjetiva de malestar) como el interpersonal (trabajo, estudio, finanzas, ocio, relaciones sociales, problemas legales, etc.) (Block, 2008). 

Las consecuencias psicológicas del uso abusivo del móvil en la población universitaria son variadas. El uso intensivo del móvil se asocia al consumo excesivo de alcohol, el tabaco, la depresión, el fracaso escolar (Sánchez-Martínez y Otero, 2009), la ansiedad y el insomnio (Jenaro, Flores, Gómez-Vela, et al; 2007).

El impacto de la tecnología en nuestra sociedad no solamente está cambiando nuestro modo de acceder a la información y comunicarnos, sino que ha dado pie a que surjan nuevas fobias y problemas mentales. (Nomofobia o miedo intenso e irracional a quedarse sin el móvil. Gonzalez-Cabrera, León Mejia, et al., 2017).

Otra de las consecuencias negativas de la adicción al móvil es la privación de sueño, ya que los adolescentes permanecen despiertos hasta altas horas de la madrugada, lo cual podría dar lugar a fatiga, debilitación del sistema inmunitario y un deterioro de la salud. Los efectos negativos de la adicción se expresan en los ámbitos familiar, académico y profesional (Young 1999). El adicto se aísla del entorno y no presta atención a otros aspectos de las obligaciones sociales (Echeburúa 1999).

En palabras de Echeburúa (1999), aunque las adicciones psicológicas son muy distintas unas de otras, todas tienen un elemento común: la pérdida de control sin la presencia de una sustancia química adictiva. Cualquier persona puede escribir un mensaje o conectarse a la red por placer o por la funcionalidad; por el contrario, una persona adicta lo hace para aliviar su disforia o malestar emocional (aburrimiento, soledad, rabia, o excitación). 

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