El consumo de alcohol puede provocar múltiples trastornos, tanto agudos como crónicos. Además de estos trastornos, también puede producir alteraciones en la personalidad incidiendo en otros trastornos tales como los celos patológicos, celos injustificados hacia la pareja normalmente, acompañados de insultos y agresiones físicas. 

El delirium tremens se presenta aproximadamente en un tercio de los pacientes que padecen convulsiones, estando caracterizado por: confusión, desorientación, ansiedad, temblores generalizados, conciencia fluctuante u obnubilación y alteraciones perceptivas (alucinaciones visuales ) y cenestésicas-microzoopsias). Suele tener un comienzo gradual, entre el 2º y 3º día de abstinencia alcanzando su máxima intensidad en 4º-5º día. Lo suelen presentar un 5% de los pacientes hospitalizados por dependencia alcohólica generalmente bebedores crónicos con alguna alteración física que también puede desencadenar el cuadro. Se establece una tasa de mortalidad de un 1%. El curso es variable de un caso a otro pudiendo empezar a remitir a partir del 4º día o durar semanas. La severidad del cuadro se relaciona con la cantidad de alcohol consumida, la intensidad del insomnio y los trastornos gastrointestinales (Frances y Franklin, 1987), la hipocalcemia, hipopotasemia e hipofostatemia. La hipomagnesemia no guarda relación con el delirium pero sí con las convulsiones. Los síntomas pronunciados de abstinencia empiezan habitualmente a partir de las 48 horas sin consumir alcohol, siendo la máxima intensidad en el 4 o 5 día.

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