El cuerpo dentro del saber psicoanalítico esta descolocado en concepciones anatómicas, biológicas, psicológicas e incluso de las realizadas por la filosofía.

¿Qué propone el psicoanálisis en relación al cuerpo? Lacan refiere que el cuerpo es el lugar del goce, “solo a un cuerpo le es propio gozar”. El goce sólo puede ser aprehensible en un cuerpo. No se trata de ignorar el carácter biológico del cuerpo, sino de desatacar la dimensión simbólica en el sufrimiento subjetivo. De este modo, el psicoanálisis toma distancia de la concepción biológica y filosófica, para situarse en el diafragma significante. El psicoanálisis no le interesa el cuerpo de la ciencia; sino el cuerpo que goza, el lugar donde circula el goce.

Por tanto, la lógica de la pregunta respecto a lo que es un cuerpo quedaría atrás; para dar lugar a la siguiente: ¿De qué manera goza un cuerpo? o bien ¿Dónde está el goce? Esta posición introduce una forma de interrogar el cuerpo en tanto lugar de goce.

¿Dónde está el goce? En el cuerpo, sin duda. Cuando hablamos de goce nos referimos a aquello que Freud colocaba más allá del principio del placer y que posteriormente Lacan denominaría como goce. El goce se encuentra en relación a la pérdida y el gasto; así como del desgaste y agotamiento del cuerpo. El goce en un cuerpo es precisamente un cuerpo que se deteriora, que se tensa en grado máximo, que se gasta.

El médico se sitúa ante el cuerpo del enfermo para verlo como un organismo sin importarle si goza o no. El cuerpo que goza habla, por lo que el psicoanalista tendrá que saber leer esto que se le presenta de forma cifrada.

Lo primero que realiza un analizante en un espacio clínico es hablar, no habla acerca de su goce, sin embargo el goce habla sin que el sujeto perciba donde es tocado. Es por eso que el psicoanalista este atento al discurso de aquel quien habla. Por tanto deberá dirigirse a la palabra; referirse una y otra vez, manera directa o indirecta. Para el psicoanálisis el cuerpo es un cuerpo hablante.

El cuerpo hablante implica al cuerpo tomado como un conjunto de elementos significantes.

El cuerpo puede ser visto desde tres ópticas:

1º: desde el punto de vista real como sinónimo de goce,

2º: desde la óptica simbólica como cuerpo significante y

3º el cuerpo imaginario, que devuelve el semejante (el otro) como imagen exterior.

Solo se goza en el cuerpo. La condición que se necesita para gozar es precisamente la existencia de un cuerpo vivo. Sin la existencia de vida, el goce no tendría cabida. Dentro de las estructuras clínicas, el cuerpo se juega de manera diferente. Para Lacan las tres formas de la normalidad son: psicosis (por la forclusión del nombre del padre), neurosis (por el mecanismo de la represión) y perversión (por la desmentida).

El cuerpo del psicótico no le pertenece, existe Otro que goza de su cuerpo. El psicótico no puede olvidar que esta determinado por el Otro. En la psicosis existe certeza autorreferencial del goce del Otro. En el psicótico no se encuentra la constitución de la dependencia de la cadena significante ni estructura de goce fálica que gane terreno al goce del Otro. El cuerpo le pertenece tan poco que el dolor no llega a ser límite ante el goce del Otro. El cuerpo insensible del psicótico es entregado al goce del Otro.

El perverso utiliza su cuerpo para provocar una señal de angustia en el Otro. Dentro de la perversión el sujeto se instrumentaliza para el goce del Otro. El perverso procura restituir al Otro lo que le falta, así como de que el Otro goce. El perverso le da cuerpo al Otro: por una parte da consistencia al Otro, así como también otorga su cuerpo. Busca hacer aparecer un goce más allá del falo. El perverso goza al barrar al Otro, goza de hacer sufrir la incompletud de quien se muestra como uno, tan completo y redondo, para confrontarlo con su castración. El perverso busca hacer aparecer la angustia en el Otro para dividirlo. El perverso busca completar en términos de goce, sin embargo este goce es sustraído al Otro.

El neurótico idealiza el goce del perverso. El cuerpo en la neurosis no tiene puntos equivalentes; esto quiere decir que el cuerpo del neurótico no es homogéneo. El neurótico también tiene la posibilidad de una reunificación imaginaria en lo que se denomina imagen corporal que remite al estadio del espejo. Es así que el sujeto dialoga cada mañana ante su imagen en el espejo. El sujeto no cesa de constituirse cada vez que el espejo le devuelve una imagen de completud  cada día. El estadio del espejo (la imagen visual) constituye la subjetividad del individuo.

Hasta este momento es notorio el planteamiento realizado por el psicoanálisis ante consideraciones complejas para lo cual el punto de vista de la ciencia médica no ha podido resolver.

 

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