Lacan describe el estadio del espejo como formador de la función del Yo. Cito textualmente a Lacan: “

“La cría de hombre, a una edad en que se encuentra por poco tiempo, pero todavía un tiempo, superado en inteligencia instrumental por el chimpancé, reconoce ya sin embargo su imagen en el espejo como tal”.

Esta fase se establece entre los 6 y los 18 meses del niño. 

El estadio del Espejo permite el sujeto “verse a sí mismo”, y “verse a través de la mirada del otro”, permite percibir su cuerpo como dotado de unidad, y no compuesto por partes que hasta entonces se percibían como fragmentos sueltos.

Esta fase es muy importante para que el sujeto se constituya como un yo propio dotado de un cuerpo diferente al de la madre o cuidadora, le permite también determinar como es percibido por su madre, quien le ayudara a configurar su propia imagen con sus caricias, con sus halagos y con el discurso con el que se dirija al niño.

Freud, entiende que no existe desde el inicio de la vida anímica, una unidad comparable al yo. Lo propone como un supuesto en su teoría, dado que al principio todo es “Ello”, es decir, todo se rige por el principio de placer. Expresa que siendo iniciales las pulsiones autoeróticas, y satisfaciéndose éstas autónomamente, algo tiene que agregarse al autoerotismo, “una nueva acción psíquica”, para que se constituya el narcisismo como tal.

Es decir, que el bebé no se siente unificado sino fragmentado de manera autoerótica y que luego, a través de esa acción psíquica se irá unificando en términos de diversos registros psíquicos hasta entonces inconexos, tanto como de sus zonas erógenas aisladas en el nivel de lo corporal, hasta constituirse así como una unidad.

Aquí pues,  cuando se refiere Freud a dicha “unidad”, alude al yo desde una perspectiva particular que nos interesa poder precisar. Puesto que en el orden de lo que pudieran referirse como funciones psíquicas, habría ya desde momentos previos, algo modificado en el Ello, pensable entonces como cierto tipo de yo. No obstante, parece aludir más bien Freud, mediante aquella referencia a un necesario y nuevo proceso de pensamiento para la constitución del yo, a lo que es propio del orden de las representaciones. Allí propone entonces pensar en un acto fundante y constitutivo del yo, desde la teoría de la identificación. Parecería estar refiriéndose Freud a que algo adviene como nuevo en cierto tiempo lógico de la vida anímica, y merced a ciertas operaciones psíquicas de las que trataremos de dar cuenta.

Por otra parte, dicha conceptualización que,  parece contener una referencia al acto psíquico de la identificación (primaria, en Freud), se vincula a lo trabajado por Freud en otros textos, como en el capítulo 3 de “El yo y el ello” (1923) o en el capítulo 7 de “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921).

Es en este último texto en donde Freud se refiere a la identificación como “el más temprano lazo afectivo con otro”, y donde trabaja en relación a distinguir dos órdenes lógicos diferentes en cuanto a dicho lazo. En efecto, sitúa a uno de ellos como propio del tiempo de la prehistoria del Complejo de Edipo, valiéndose además para su explicación, de la teoría de los lugares psíquicos. En tal sentido, refiere como lo inicial, una aspiración del yo a ser en todo como otro colocado para sí en el lugar de Modelo o Ideal. En dicho vínculo de ser, precisa, el yo obtiene para sí el lugar de Sujeto, en tanto logre identificarse con tal Modelo. Se trata de un vínculo dual, narcisista, de naturaleza preedípica, en el cual lo que está en juego es la posibilidad de obtener un primario sentimiento de si, una convicción acerca de la propia existencia, en tanto se logre consumar dicha identificación. Trata así de precisar lo que es propio del campo del narcisismo, y que resulta anterior en un sentido lógico, a la dinámica edípica, a la que emparenta con un plano simbólico, en el orden de la triangularidad, donde se ponen en juego identificaciones secundarias, post-edípicas, que pretenden resolver la cancelación de una aspiración pulsional y que expresan más bien un deseo, en la lógica del tener, y con otros lugares psíquicos en juego:

Sujeto –Objeto – Rival.

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