Neurosis Obsesiva:

 

Según Laplanche y Pontalis la definición de la neurosis es: “Afección psicógena cuyos síntomas son la expresión simbólica de un conflicto psíquico que tiene sus raíces en la historia infantil del sujeto y constituyen compromisos entre el deseo y la defensa”.

La neurosis obsesiva y la Histeria fueron el gran grupo de neurosis que comenzó a estudiar Freud y mostró la importancia de reconocer la influencia etiológica de las neurosis como: “las condiciones, las causas específicas y las causas concurrentes,dándole gran importancia a las dos”. Freud retoma la etiología de la neurosis obsesiva y aclara las causas específicas, explica que son sucesos que han causado placer en el infante, de una agresión sexual inspirada por el deseo y de una gozosa participación de las relaciones sexuales, las ideas obsesivas del neurótico corresponden entonces a reproches por el goce sexual anticipado.”La esencia de la neurosis obsesiva puede encerrarse en una breve formula: las representaciones obsesivas son reproches transformados, retornados en la represión y referentes siempre a un acto sexual de la niñez ejecutado con placer. Le correspondió a Freud el merito de haberle dado por primera vez un contenido teórico a la antigua clínica de las obsesiones, no solo ubicando la enfermedad en el registro de la neurosis, sino haciendo de ella, frente a la histeria, la segunda gran componente de la estructura neurótica humana. Freud denomina a los diferentes actos psíquicos del neurótico obsesivo como: DESEOS, TENTACIONES, DUDAS, IMPULSOS, MIEDOS, REPROCHES, MANDAMIENTOS Y PROHIBICIONES.

 Freud aisló a la neurosis obsesiva desde diversos puntos de vista. Desde los mecanismos de defensa, participan principalmente el desplazamiento, el aislamiento y la anulación. En lo que respecta a la vida pulsional, actúan la ambivalencia, la fijación anal y la regresión. Y desde el punto de vista tópico, establece una relación sadomasoquista entre el yo y el Superyó. Veremos entonces, representado en los síntomas obsesivos, sus manifestaciones.

 

Hablar de neurosis obsesiva es hablar de una de las estructuras psíquicas más complejas. Y una de las complejidades planteadas en dicha estructura son sus síntomas.  Para el psicoanálisis, un síntoma es una manera de procesar un deseo intolerable para el sujeto. En muchas ocasiones, los síntomas ayudan a los pacientes a llegar a la consulta de un psicoanalista.

 En 1896, Freud enuncia que en la etiología de la neurosis obsesiva, igual que en la histeria, existe un componente sexual infantil que actúa como motor, como deseo. Hablamos de un deseo sexual infantil reprimido.  La diferencia entre ambas patologías es que, en la neurosis obsesiva, el componente sexual es vivido con placer, el sujeto goza de esta experiencia de manera tal, que toda su vida buscará la repetición, siendo imposible su realización. En cambio, para la histeria dicha experiencia es displacentera. En ambos casos hablamos de una experiencia vivida fantasmáticamente frente a la constitución de su propia sexualidad.

La culpabilidad y los reproches, en la neurosis obsesiva, están muy presentes. El sujeto se culpa por haber gozado y debe castigarse; el componente de satisfacción pulsional, queda inconsciente, por medio de la represión. El obsesivo se siente culpable de algo que desconoce, culpable de algo que no cometió. Este es el conflicto principal de la neurosis obsesiva. La mayoría de los síntomas, en la neurosis obsesiva, son reproches transformados, que retornan de la represión y que se refieren a una situación sexual de la niñez ejecutada con placer. Los síntomas, tan abundantes, se agrupan por su tendencia. Por un lado, están las prohibiciones, medidas preventivas y penitencias y, por otro, satisfacciones sustitutivas disfrazadas simbólicamente. Aunque el verdadero triunfo de la formación de síntomas ocurre cuando ambas tendencias se unen, cuando las prohibiciones, las medidas preventivas o las penitencias proporcionan una satisfacción al sujeto. En los casos más graves se manifiesta, en los síntomas, la ambivalencia afectiva, apareciendo al lado de una significación afectiva, su contrario.

Recordemos el caso de Freud (“El hombre de las ratas”), en el que el sujeto mostraba dicha ambivalencia poniendo una piedra en el camino por donde iba a pasar el carruaje de su amada y, posteriormente, quitándola. El neurótico obsesivo emprende, en sus síntomas, una defensa contra las exigencias libidinosas del complejo de Edipo. Una vez constituida la organización libidinal, alcanzada la fase genital de la libido, se produce una regresión a la fase anal, que marcará un predominio del erotismo anal en el obsesivo. El periodo de latencia asegura, en la constitución sexual infantil de cualquier sujeto, la disolución del complejo de Edipo, la creación del superyó y la formación de los límites éticos en el yo.

 En el neurótico obsesivo, este periodo conlleva la regresión de la libido, la constitución de un superyó muy severo que otorga al yo sus límites éticos, obedeciendo a la severidad del superyó. Por eso, el miedo a la castración del neurótico obsesivo, por la amenaza de castración, queda amplificado. La pubertad anuda el proceso de la enfermedad en la neurosis obsesiva, donde se despiertan los impulsos agresivos de la fase sádico anal, fase conquistada por la regresión de la libido y se unen, dichos impulsos, con los nuevos impulsos libidinosos que surgen en la constitución de la sexualidad adulta y que siguen los caminos trazados por la regresión, produciendo tendencias agresivas y destructoras.

La represión, en el obsesivo, es llevada a cabo despojando a la representación del afecto concomitante pero, a diferencia de la histeria, la representación no queda olvidada, aunque sí desligada totalmente del afecto que, a su vez, se mantiene desplazado, es decir, va de representación en representación constantemente, produciendo las ideas o representaciones obsesivas. Mientras, la representación, queda desafectivizada para el sujeto, aparece como un recuerdo consciente para él, pero no tiene ningún sentido, ningún valor. Ante la represión, el superyó sabe más del ello que el yo, por eso le expresa al yo sus impulsos agresivos y, aunque el yo se cree inocente, también experimenta un sentimiento de culpabilidad, sintiendo una responsabilidad que no puede explicarse. Las exigencias del superyó impulsan al yo a buscar la satisfacción en los síntomas.

 Una de las características fundamentales de la neurosis obsesiva es la erotización del pensamiento por la sobrecarga psíquica a la que se enfrenta el yo, en relación a las exigencias impuestas por el superyó, la realidad y la conciencia. El yo, desde una posición obsesiva, desarrolla técnicas que favorecen la creación de síntomas: como deshacer lo sucedido y el aislamiento. En la primera, vemos manifestada la ambivalencia amor-odio: deshace lo hecho como si el primer acto no hubiera sucedido, aunque también ha sucedido, ama exageradamente algo que odió previamente en su pensamiento. Acto, además, que se repite incesantemente, es la compulsión a la repetición, que nos muestra el obsesivo. Con respecto al aislamiento,  el sujeto después de algo desagradable (un suceso, un pensamiento, por ejemplo), produce una pausa en la que nada debe suceder.

La neurosis obsesiva se caracteriza por los siguientes rasgos derivados de la orientación anal dominante y sus alteraciones:

  • El sentido del orden, el esquematismo y el dogmatismo, surgen de los conflictos sádico-anales y en torno a las actividades eróticas. Hay resistencias a las fantasías incestuosas y criminosas que se perciben como amenaza si se pierde el control y la rigidez de su pensamiento. El orden está conectado respecto al dinero y al tiempo siendo un reflejo del manejo de los conflictos sádico-anales.
  • El sentido de la economía y la avaricia, son una prolongación del hábito anal de retención, al estar dentro de la etapa anal el placer es erógeno y tiene temor a la pérdida (control de esfínteres). La función excretora es un antecedente de la forma en que se manejará el dinero, y más adelante mostrará las posturas ante diversas realizaciones como: autoadmiración o autocrítica.
  • El sentido de la tenacidad, la obstinación y la terquedad, comprende rasgos que van desde la firmeza y el tesón hasta la terquedad. La obstinación conlleva el intento de utilizar a otras personas como el intento de la lucha contra el superyó, mientras que la terquedad ( tipo pasivo de agresividad ) representa una superioridad de carácter mágico y una especie de superioridad moral con el fin de acrecentar su autoestima. La terquedad es un recurso usado como defensa ante la fantasía de ser atrapado, de ser objeto de abuso y/o de burla.
  • El sentido de la rigidez y el bloqueo emocional, puede ser reflejado desde el aspecto corporal, comportamental hasta la afectividad e intelectualidad. En el carácter obsesivo, el sentido de la rigidez toma gran fuerza debido a la angustia e inseguridad que le provocan las situaciones espontáneas o fuera de su control debido a la etapa del desarrollo en la que se da. La situación está dominada por el control y el bloqueo de las emociones y afectos, ya que la idea está manifiesta y el afecto está reprimido ya que tienen la necesidad de control.

En él neurótico obsesivo,  hay deterioro de la movilidad de la atención debido a la necesidad de control y que su percepción está limitada en la tarea específica. La cosmovisión está pautada por el “yo debo” sin sentir o tener placer por la acción. Al tener un carácter rígido no da cabida a la improvisación, novedad y creatividad. Está distorsionado por la forma de interpretar los hechos y las situaciones. Busca el control a través del esquematismo, el dogmatismo y la ritualización de su mundo sin embargo subyacen en el fondo la duda, la ambivalencia y la dispersión. Debido a otras características como la obstinación, la rigidez entre otras, trata de controlar el medio sin aceptar cambios logrando únicamente la visión limitada de la realidad.

En la neurosis obsesiva, las prohibiciones que se dieron en el Edipo se vuelven más rígidas debido a que en este proceso donde la persona comienza a tener control sobre su cuerpo y a hacer una diferenciación entre el “yo” y el “no yo”, las reglas morales se internalizan y se vuelven muy punitivas. Son más estrictas de lo que en realidad fueron. El miedo que se pudo haber sentido hacia los  padres se exagera y el odio sentido hacia ellos se convierte en culpa. Los castigos impuestos por los padres se vuelven autocastigo.

La estructura de la neurosis obsesiva es muy sólida debido a sus características. La rigidez, el orden, la terquedad, el bloqueo emocional, la realidad limitada así como los mecanismos de defensa son factores que afectan el proceso terapéutico. La neurosis de transferencia se ve mermada debido al bloqueo afectivo y emocional, no permitiendo sentir por el terapeuta ningún sentimiento así como no transmitirle ningún afecto relacionado con la idea. La rigidez hace más difícil el proceso ya que el obsesivo trata de mantener el control dentro del análisis como en su vida cotidiana.  Las regresiones que se dan durante el tratamiento son un reflejo del cambio y el avance que se va dando durante el proceso. Dentro de este periodo destaca la regresión a estadios como el sádico-anal donde se da una ambivalencia y una terquedad que se pone de manifiesto en la neurosis de transferencia.

Es importante señalar las diferencias entre los síntomas y la enfermedad ya que la neurosis obsesiva es el conjunto de síntomas más la forma de relacionarse de las estructuras psíquicas entre ellas y con el medio ambiente, mientras que los síntomas aislados no se pueden clasificar en una psicopatología como la neurosis obsesiva.

 

 

Compárteme en:
fb-share-icon20
Tweet 20

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *