¿Qué se busca en la cura con un psicótico?

En el caso Schreber, éste nos informa, en un pie de página en sus memorias, que el motivo inicial de su texto fue orientar a su esposa, pero que más adelante creyó que su escrito podía ser importante para las ciencias y la religión.

Como nos lo enseña el autor de dichas memorias, el psicótico no viene a pedirnos información sobre quien es él, no nos supone un saber como el neurótico; viene a pedirnos que escuchemos sobre su padecimiento particular.

Aunque sabemos que el ser del psicótico no se sostiene por la vía del sentido -al no existir un significante que lo represente-, en un delirio como el que nos enseña Schreber, mediante la eficacia de la metáfora delirante “ser la mujer de Dios”, muestra el vacío de su existencia como sujeto pero hace suplencia por la vía del ser.

El psicótico no se inquieta por lo que él es para el Otro como algo enigmático, pues él padece la invasión en lo real del goce del Otro sin límite. Él tiene un saber en el orden de la certeza sobre el goce del Otro, goce que, de no tener barrera, lo deja caer como desecho y fuera de discurso.

Entonces, no recibiremos la queja neurótica de un enfermo que se afecta, en quién puede aparecer la angustia de castración o que puede movilizarse por múltiples equivalencias simbólicas tanto de sentidos como de identificaciones. El neurótico puede negociar con el Otro su existencia, puede responde a la demanda del Otro perdiendo seguramente en su ser de goce, pero resguardándose para sí en la posibilidad de construir un síntoma. Cuando de la psicosis se trata, recibimos un ser que es victima de un Otro con poder absoluto.

“Como he tomado la decisión de solicitar en un futuro próximo mi alta del hospital para vivir otra vez entre personas cultas y en comunidad hogareña con mi mujer, será necesario proporcionar a aquellas personas que entonces formarán mi circulo de relaciones una idea por lo menos aproximada de mis concepciones religiosas, para que, aunque no comprendan las muchas aparentes singularidades de mi conducta, tengan siquiera una vislumbre de la necesidad que me compele a esas singularidades” J.P. Schreber

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