Hoy, desde equilibrio y mente vamos reflejar una aportación importante sobre la vergüenza que algunas personas sienten a la hora de pedir ayuda, y dar el primer paso para ir a consulta.

Lynne Jacobs, en su “Vergüenza en el diálogo terapéutico” (1996) nos recuerda que la situación analítica es avergonzadora por varias razones:

          1) el paciente normalmente necesita al analista o terapeuta más que el terapeuta o analista necesitan al paciente.

          2) Acercarse a un analista o terapeuta significa de entrada que algo en mi está mal. 3) En el caso de los terapeutas, nos arriesgamos al fallo humillante en la profesión, la cual lo significa todo para nosotros.

          4) Ambos corren el riesgo de que queden al descubierto vulnerabilidades dolorosas y cortocircuitos personales que pueden ser sentidos  como el sentimiento vergonzoso de ser malo y repulsivo, o un completo fracaso como ser humano.

          5) L a vida emocional en sí misma, con sus miedos y esperanzas dolorosos y heridos, es a menudo el contexto de la vergüenza, aunque el carácter y la intensidad de esta vergüenza depende de la cultura de la familia y de contextos más amplios.

         6) Lo peor de todo, las terapias tradicionales, incluyendo el psicoanálisis, han convertido al analista/terapeuta en una autoridad experta que pretende conocer al paciente mejor de lo que el paciente se conoce a sí mismo, creando así una cultura de la vergüenza.

De manera similar, Ikonen, Echard y Echard (1993) han apuntado que “la mera admisión de la necesidad de ayuda puede ser insoportablemente humillante” (p 120), y que, incluso si el análisis es útil, “el comentario cínico de Nietzsche sobre la gratitud (que la gratitud es una forma más suave de venganza) trata sobre la humillación y vergüenza en relación al recibir ayuda” (p121). Aunque el psicoanálisis relacional, incluyendo la self psychology y la teoría de los sistemas intersubjetivos, ha buscado de manera importante minimizar y mitigar estos aspectos avergonzantes de la situación analítica (ver también Jacoby, 1991) no lo evita completamente.

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