13-03-2025
PRESENTAMOS LA ENTRADA Separación y Melancolía: La Pérdida Como Un Eco del Ser
Una separación amorosa no es solo perder a alguien, es perder un mundo. Es mirar alrededor y darse cuenta de que los espacios compartidos ahora son solo eso:
Pero ¿qué pasa cuando la pérdida no solo es externa, sino que nos consume por dentro?
Como plantea Separación y Melancolía, la melancolía no es solo tristeza, sino un estado en el que el dolor se arraiga en la identidad hasta que la persona se siente vacía de sí misma.
Carl Rogers, en su teoría humanista, hablaba de la importancia de la congruencia entre el Yo real y el Yo ideal para lograr una personalidad sana (Rogers, 1961).
Pero cuando la distancia entre ambos es demasiado grande, el sufrimiento se intensifica.
Había estado casada durante más de diez años con un hombre que la maltrataba psicológicamente.
A pesar del abuso sufrido, la separación no le trajo alivio inmediato.
Su pérdida no era solo la del hombre que le había hecho daño.
También había perdido la identidad que construyó alrededor de él: la esposa que intentaba hacer que todo funcionara, la mujer que se callaba para evitar conflictos, la persona que, poco a poco, dejó de reconocerse en el espejo.
Sigmund Freud, en Duelo y Melancolía (1917), describe cómo, en un duelo sano, la persona logra aceptar la pérdida y, con el tiempo, volver a invertir su energía emocional
en nuevas experiencias. Pero en la melancolía, ocurre algo diferente:
💔 El Yo se fusiona con el objeto perdido y dirige su agresividad hacia sí mismo.
Esto le pasó a Carla. No solo perdió a su pareja, sino que se perdió a sí misma. Dejó de salir de casa, perdió el interés por su trabajo y sus relaciones sociales.
La melancolía la había atrapado en una espiral de vacío y autodestrucción.
Desde la perspectiva de Jacques Lacan, la melancolía surge cuando no logramos simbolizar la pérdida (Lacan, 1966).
Es decir, cuando no podemos darle un significado y un cierre emocional, quedamos atrapados en una sensación de vacío que parece imposible de llenar.
Carla había perdido mucho más que una relación: había perdido su autoestima, su autonomía y su deseo de vivir.