Hoy, desde equilibrio y mente, queremos hablar del suicidio, el suicidio visto desde la sociedad, y desde la persona que piensa en llevar a cabo el acabar con su propia vida.

Actualmente, en la sociedad en la que vivimos, y en este lado del mundo, prevalece el tener. Tener, tener cosas, tener seguidores en las redes sociales, tener algo mejor que el de al lado, tener propiedades, tener un buen coche, tener… ¿Y ser?

Se olvida que ante todo somos, somos personas, somos seres sociales que necesitamos de otros seres sociales que nos abracen, que nos miren, que nos atiendan, y devolver este lazo. Hay una pérdida de sentido existencial en toda esta maraña de poseer sin ser, de tener sin sentir. Nos educan para producir, para tener un buen expediente académico, para tener un buen trabajo que nos de un buen salario salario, para tener… para competir constantemente con cualquiera que se cruce en nuestro camino, y es aquí donde se pierda la esencia misma del ser.

El sufrimiento y el dolor, parece que no tienen lugar, no se puede sufrir, no hay espacio para el sufrimiento que a la vez es necesario en la condición humana. De esto, nadie habla. Hay silencio.

Tan impotente es el sufrimiento

como la felicidad.

Es importante darle un sentido al sufrimiento, a los malos ratos, a las emociones que no nos gustan. Encontrar este “por qué” es complicado, pero necesario. Todo tiene sentido en la vida. ¿Cómo sabemos disfrutar si no sabemos que es pasarlo mal? Las ambivalencias forman parte de nuestro día a día.

Ya Goethe dijo: “Cuanto menos conoce el hombre la meta de su camino, más acelera el ritmo con el que recorre ese camino”.

La prisa, es otro de los grandes significantes de nuestras vidas, pensar en mañana, y olvidarnos del ahora. Aquí comienzan los tabúes. Del suicidio no se habla, lo negativo se oculta, y únicamente buscamos con anhelo lo positivo. Solo se ven allá donde vayamos fotografías de buenos momentos, caras felices, paisajes de ensueño… ¿Es tos eso real?

Hay silencios que significan angustia, comunican y dicen muchas más cosas que las palabras. El suicidio es precisamente denunciar un estado insoportable para quien se lo plantea, es una manera de dejar de sufrir, de denunciar públicamente un padecimiento, porque no hay espacio para sentirse mal. Es un modo de traspaso de la angustia de una manera, también silenciosa.

Hay otra manera de manejar esta angustia, este “sinsentido”, y es precisamente darle un sentido, que por supuesto lo tiene, simplemente hay que verbalizarlo, traerlo a la parte real del discurso.

Si te los has planteado alguna vez, ponte en contacto con nosotras. Podemos ayudarte en esta búsqueda de sentido de la existencia, de seguir viviendo, de seguir hablando de lo que nunca nadie habla.

La vida tiene un gran sentido de ser… sigue existiendo!

 

 

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