1-  La forclusión.

Los psicoanalistas , en psicosis,  abordamos el tema de la forclusión como cuestión preliminar dentro de una dirección de la cura posible.

La “dirección de la cura” implica la puesta en marcha del dispositivo que permita crear una situación analítica y que cuyo fin,  sea el surgimiento del sujeto del inconsciente mediante el libre pensamiento y la asociación libre.

El sujeto del inconsciente es sujeto del lenguaje, es decir, es lo que representa a un significante para otro significante. Es el sujeto dividido como efecto de la represión.

Si este sujeto es correlativo del significante, en la psicosis la forclusión del significante Nombre-del-Padre pone en evidencia ese agujero simbólico, en la estructura como tal está “muerto”, en que punto donde el no puede dar una respuesta, es decir, “lo grita por todos los poros”. No se trata aquí de la represión, sino que tendría que distinguirse de lo reprimido. Lo que ocurre en la psicosis es que el sujeto” no quiere saber nada en el sentido de la represión “, en cuanto a su castración, es como si ningún “juicio de existencia”, es lo que se refiere a la relación entre percepción y representación. Esto consiste en atribuir al sujeto una representación que no le corresponde más, su objeto.

Por otra parte, en lo simbólico, la forclusión del significante Nombre-del-Padre, produce un agujero o una significación cero a la operación de la madre ausente, como sustitución metafórica.

La ausencia del significante “Nombre-del-Padre” produce una “carencia en la significación fálica “para el sujeto. En el delirio, el sujeto psicótico, se organiza con ayuda de la metáfora delirante, para restituir su propia realidad tomando como central ese simbólico rechazado en lo real. Por medio de la sustitución significante que pone en juego el proceso metafórico, el sujeto logra las transformaciones que suple con esta nueva creación al significante rechazado, pero que ahora es recreado por el delirio.

La alucinación, y neologismos, constituyen esos “Caminos laterales” de los que habla Lacan en el Seminario 3, cuando no existe esa Gran ruta de ser padre, entonces, el sujeto psicótico se detiene al borde de la ruta, habla solo, etc. De esa gran estructura, de ese conjunto de significantes, de esa totalidad, sólo quedan fragmentos del sujeto y estos se hacen oír por medio de las alucinaciones auditivas, que lo acosan sin cesar. Estos productos psicóticos son los que en el fondo contienen en si mismos la significación del ser del sujeto que retorna desde lo real pero ajeno al mismo.

Por otra parte, en la psicosis, lo imaginario está disuelto y fragmentado y desde allí  se produce como compensación frente a la catástrofe de significantes, una vez desencadenada la psicosis .

Lo que ocurre en la psicosis, es que este imaginario sustituye al agujero simbólico pero no es sustituido por algún significante del orden simbólico, el Gran Otro de la palabra no existe como tal, es necesario que el sujeto psicótico cree un Gran Otro absoluto, real, como un” Dios” para suplir esta carencia.

En este sentido, se dice que lo inconsciente en la psicosis es lo consciente, es la superficie y superficial, es decir que es lo que se presenta como un contenido manifiesto pero no latente como en el sueño, que es la superficie del agujero pero no es sostenido por lo simbólico. Esto es lo que, en la topología lacaniana del” nudo borromeo”, no anuda ningún anillo, así lo imaginario, lo simbólico y lo real guardan su autonomía.

 

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