En psicología siempre se dice que una de las características de la escucha es que es “una escucha activa”, y debe ser una de las cualidades del psicólogo.

 La escucha activa es una técnica y estrategia específica de la comunicación humana. Implica asimismo, entre otros aspectos, ofrecer disponibilidad y mostrar interés por la persona que habla. La escucha activa consiste en una forma de comunicación que demuestra al hablante que el oyente le escucha atentamente, y le ha entendido. a lo que se está diciendo. Hay técnicas que se aprenden durante la carrera, y se despliegan en consulta para dar cuenta al paciente de que le estas escuchando activamente: parafrasear, reforzar, validar, tener empatía… y un sinfín de técnicas más que pueden ensayarse frente al espejo.  La teoría académica se centra en la escucha activa, y en demostrarle al otro que se emplea, pero nada dice de qué es lo que hay que escuchar activamente, ni que hacer con aquello que se escucha. Más tarde, con aplicar alguna de las técnicas para modificar la conducta, será suficiente.

En psicoanálisis se escucha lo se dice y lo que no se dice, aquello que es difícil de nombrar se le presta una especial atención, lo que se olvida, lo que desaparece de la memoria en el preciso instante en el que iba a ser contado, los lapsus, las equivocaciones, y cualquier variedad del lenguaje que produzca en el discurso algún tipo de fragmentación o cambio brusco que llame la atención. Se escucha más allá de la palabra, se traspasa el sentido del oído en una intención de analizar todo aquello que ocurre en la escena analítica. Se observa al paciente, se atiende a sus gestos, la prosodia, el tono, el volumen de la voz, la presión del habla, los cambios de ritmo… Los silencios cobran una especial atención, la duración de los mismos, y el momento del discurso en el que se producen, lo que se deja de nombrar, lo que cuesta definir, eso que genera dolor y se trata de evitar contar.

El paciente aparece con una demanda en la consulta, un síntoma, una duda, algo que le hace pregunta, una inquietud que le incomoda, algo de lo que hablar, aparece con la necesidad de ser escuchado, de nombrar aquello que hace sentir incómodo. El paciente cuenta, y espera ser escuchado, para recibir a cambio una respuesta que escuchar.

Al paciente se le escucha desde la perspectiva de no saber absolutamente nada de lo que va a contar, y con el  desconocimiento de cuál va a ser la devolución que uno le va a hacer. Es una postura de “tabula rasa”, que se irá conformando a medida que se escuchan los significantes del sujeto que habla.

Hay otro tipo de escucha, una escucha como paciente, cuando uno se sienta para ser analizado en un intento de dar respuesta a las preguntas que le han ido surgiendo a lo largo de la vida. Se escucha a sí mismo, escucha al analista cuando hace interpretaciones o cuando aparecen señalamientos a algo que aparece en el discurso de manera casi “sin sentido” para el hablante. Esta escucha es la que duele al sujeto hablante, la que no pasa desapercibida. Perdura en la memoria con el paso de los días y algo resuena de ese discurso que afecta, parece que hay cosas que toman sentido con el paso de los días, aparecen también otras que no se pueden nombrar, ocurren cosas como la mejora en la calidad del sueño, aparecen sueños, y hay algo que cambia, pero que no se puede tampoco nombrar. Algo de lo que se escuchó dejó una huella en el sujeto.

Hay otra escucha, como futuro analista, cuando se está en un espacio de consulta como “co- terapeuta”, con un analista y un paciente. Esta escucha es compleja, porque se escucha al paciente, se escucha al analista, sus interpretaciones y señalamientos, y uno se escucha a sí mismo en un discurso interno, suponiendo lo que diría si estuviera en la posición de analista, se escucha al paciente como la posición que uno mismo ha tomado también como paciente. Al finalizar la sesión tratas de traer a la memoria la escucha que se ha llevado a cabo, lo escuchado al analista, las interpretaciones que ha hecho, el momento en el que han ocurrido y como las hace. Quizá la escucha al analista en este punto es el más importante de cara al saber, y al desarrollo de una sesión psicoanalítica. La manera de escuchar del analista es lo que hace dar cuenta de qué es lo que se escucha.

Otro tipo de escucha, es la escucha al paciente, que después de haber pasado por los pasos anteriores se hace desde una posición de desconocimiento y absolutamente neutra, atendiendo a qué dice el paciente, de quién habla cuando viene a consulta, como nombra a las personas importantes de su vida. Se le deja hablar de todo cuanto quiere, y se “escucha” todo aquello que nombra. 

Lo que dice debe tenerse en cuenta, y también son importantes aspectos sobre cómo y dónde se sienta, que hace con los pañuelos que utiliza cuando llora, y donde deja sus cosas mientras está en sesión. Es conveniente dejarle su tiempo para que reorganice su discurso y nos cuente lo que le venga a la cabeza, es fácil caer en el error de empezar a preguntar antes de que termine de hablar, por lo que escuchar es permanecer en silencio observando todo lo que le ocurre al paciente mientras habla, atender a su discurso, a los significantes, y a la comunicación no verbal.

Por ultimo termino con un párrafo de  O’Donnell, R., “La escucha”, en Pangrazzi, A [ed], El mosaico de la misericordia, Sal Terrae, Santander, 1989

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a aconsejarme, no estás haciendo lo que te pido.

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme que yo no debería sentirme así, no estás respetando mis sentimientos.

Cuando te pido que me escuches y tú piensas que debes hacer algo para resolver mi problema, estás decepcionando mis esperanzas:

¡Escúchame!

Todo lo que pido es que me escuches, no que me hables ni que te tomes molestias por mí.

Escúchame, sólo eso.

Es fácil aconsejar, pero yo soy capaz; tal vez me encuentre desanimado y con problemas, pero no soy incapaz.

Cuando haces por mí lo que yo mismo puedo y tengo necesidad de hacer, no estás haciendo otra cosa que atizar mis miedos y mi inseguridad.

Pero cuando aceptas simplemente que lo que siento me pertenece a mí, por muy irracional que sea, entonces no tengo por qué tratar de hacerte comprender más, y tengo que empezar a descubrir lo que hay dentro de mí.

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