hablaremos sobre el concepto y la función de la interpretación como técnica, así como establecer su espacio dentro del marco que supone el psicoanálisis en sus diferentes acepciones en contraste con la psicoterapia.

            Héctor Fiorini (2006), en su texto Técnicas y teorías de psicoterapiadefine a la interpretación como un instrumento primordial de “agente de cambio” que introduce una racionalidad posible allí donde, hasta entonces, había datos sueltos, inconexos, ilógicos y contradictorios para la lógica habitual que propone un modelo para comprender secuencias de hechos. Con frecuencia la interpretación conlleva también, al pasaje del nivel de los hechos al de las significaciones y al manejo singular que hace el sujeto de esas significaciones. Intenta descubrir con el paciente el mundo de sus motivaciones y sus sistemas internos de transformación, que vendrían siendo sus mecanismos internos.

            En esta misma línea plantea que toda interpretación es, desde el punto de vista metodológico, una hipótesis. El carácter hipotético de la  interpretación se pone de manifiesto en la construcción de su discurso destacando formulaciones  con carácter condicional: “es probable que…”, “habrá que ver, como una posibilidad si…”

            Por otra parte, Joan Coderch (1990) en cuanto a la interpretación se refiere únicamente a los procesos psíquicos inconscientes, siendo su objetivo, ponerlos al descubierto ante el paciente, quien hasta el momento, solo conocía los derivados o manifestaciones conscientes de estos procesos a través de los síntomas perturbadores y dificultades en la relación interpersonal. También plantea que la interpretación va más allá del proceso fenomenológico y descriptivo,  y que el terapeuta trata de explicar al paciente aquellos procesos mentales inconscientes que se expresan a través de tal comunicación y que son el verdadero motor de su comportamiento. Así mismo, define que la interpretación es un proceso complejo, ya que las resistencias se oponen a la concienciación de lo reprimido y al reconocimiento de aquello que se ocultaba tras los derivados inconscientes y a su vez hace posible al yo del paciente tener un conocimiento de aquellos conflictos intrapsíquicos que le eran totalmente desconocidos por su naturaleza inconsciente.

            Fiorini (2006) plantea que las interpretaciones en psicoterapia deben cubrir un amplio espectro:

  1. Proporcionar hipótesis sobre conflictos actuales en la vida del paciente, es decir, sobre motivaciones y defensas.
  2. Reconstruir determinadas constelaciones históricas significativas.
  3. Explicitar situaciones transferenciales de peso en el proceso.
  4. Rescatar capacidades del paciente negadas o no cultivadas.
  5. Hacer comprensible la conducta de los otros en función de nuevos comportamientos del paciente.
  6. Destacar las consecuencias que se derivarán de encontrar el paciente alternativas capaces de sustituir estereotipos personales o grupales.

           

            El autor Manuel Baldís en su texto “Psicoanálisis y psicoterapias” plantea que todos los psicoterapeutas de algún modo u otro siempre dicen algo a quienes lo consultan y la forma de decirlo varía mucho dependiendo de las diferentes formas de abordaje. Bien se ha dicho que el principal y casi único medio que utiliza el psicoterapeuta es el medio de las palabras y en el caso particular de psicoanálisis esa restricción es más extrema si cabe dentro de su ética y más específicamente el modo de intervenir de un analista que se resume en lo que se llama “la interpretación psicoanalítica”.

            Así mismo, Baldís (2007) plantea que diferentes corrientes psicoterapéuticas no interpretan jamás y sus intervenciones más bien se caracterizan por consejos, sugerencias, recomendaciones específicas de determinadas pautas de conducta, prohibiciones, etc. A pesar de que dichas intervenciones pueden confundirse a simple vista con la interpretación analítica, en realidad corresponden más bien a una supuesta sustitución de un contenido manifiesto y explícito por otro diferente.

            Estas consideraciones permiten hacer un puente en este punto con la posición del psicoanálisis en contraste con la de las psicoterapias.

            Si se llegase a confundir la interpretación con la transmisión unidireccional de un “saber” nos alejamos inmediatamente del campo psicoanalítico y nos ubicamos en una práctica que se puede calificar como un aleccionamiento del paciente. Una de las diferencias fundamentales entre el psicoanálisis y las psicoterapias es que el análisis no busca como fin último adoctrinar, adiestrar o psicoeducar a los pacientes (Baldís, 2007).

            Considerando los instrumentos técnicos y principios terapéuticos  en psicoterapia pueden establecerse otro límite con claridad. En las psicoterapias de apoyo la sugestión, aconsejamiento, abreacción y confrontación son los agentes técnicos utilizados, y consecuentemente, los objetivos perseguidos no pueden ser otros que aquellos que con tales medios técnicos pueden obtenerse.  Se busca con las técnicas sugestivas el producir en el paciente determinadas ideas, impulsos y formas de comportamiento o hacerlos desaparecer, amparándose en el prestigio y autoridad que ante él posee el terapeuta (Coderch, 1990).

 

            Ninguna psicoterapia tiene más garantías de “saber” que las que establecen las limitaciones propias del proceso general del conocimiento humano. Esta consciencia de las limitaciones cognitivas de la interpretación puede expresarse de muchas maneras e

 

n la actitud del terapeuta, en la construcción de la interpretación, en su modo de emitirla; maneras que tendrán en común el signo de cierta humildad dada por la consciencia de sus limitaciones, o bien lo opuesto: el juego en un rol de autoridad que emite “verdades” a secas (Fiorini, 2006).

            Baldís (2007) afirma que pra interpretar, en principio, no hace falta agregar nada a lo que dice el analizante, ya todo está dicho y ya todo está en él, aunque se trata, está claro, de un saber inconsciente. Este es uno de los supuestos básicos para que el análisis se lleve a cabo, ya que tanto el analista como el analizante suponen que hay 

 

una lógica oculta en los síntomas, un saber cifrado y descifrable. El trabajo analítico no busca agregar nada, más bien busca quitar o extraer algo.

            Freud, en  “Sobre psicoterapia” (1904), da cuenta de esto utilizando una relación que Leonardo da Vinci resumió refiriéndose a las artes, en las formas per via di porre y per via di levare. La pintura, nos dice, trabaja per via di porre, ya que en efecto deposita sobre la tela en blanco acumulaciones de colores donde antes no estaban; mientras que la escultura procede per via di levare, pues quita de la piedra todo lo que recubre las formas de la estatua contenida en ella. De manera similar, nos indica el mismo Freud: “la técnica sugestiva busca operar per via di porre; no hace caso del origen, de la fuerza y la significación de los síntomas patológicos, sino que deposita algo, la sugestión, que, según se espera, será suficientemente poderosa para impedir la exteriorización de la idea patógena. La terapia analítica, en cambio, no quiere agregar ni introducir nada nuevo, sino restar, retirar, y con ese fin se preocupa por la génesis de los síntomas patológicos y la trama psíquica de la idea patógena, cuya eliminación se propone como meta”.

           

 

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